15 de julio 2008 - 00:00
Occidente sigue de cerca boom chino en las artes
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Los típicos hombres sonrientes de Yue Minjun: llamado hoy el "Andy Warhol chino", sus obras costaban 5.000 dólares en 1994 y hoy alcanzan los siete millones de dólares.
Los característicos hombres sonriendo como locos de Yue se han convertido en una pieza central de las colecciones de arte contemporáneo chinas. Algunos encuentran sus pinturas repetitivas o simplistas, pero Moses observó que críticas similares no han afectado los precios de la obra de Andy Warhol. «Si este es el Warhol actual, si esta es la regla general, entonces esto es calidad», dijo. «No importa si lo encuentras aburrido».
Las historias de éxito de Yue, Zeng Fanzhi, Liu Xiaodong y otros han dejado a los jóvenes artistas con el signo dólar en sus ojos. Recién salidos de la universidad, piden precios muy altos por obras que no han sido expuestas, un indicador de dicha burbuja, dijo Zhang de Sotheby's.
«No tenemos validación de los curadores. La valuación es problemática», recalcó. Los inversores se enfrenta a una incertidumbre adicional, debido a la reputación de China por sus falsificaciones y malas autenticaciones. Los talleres cerca de Hong Kong, conocidos por sus reproducciones de arte occidental, han comenzado a darles el mismo tratamiento a sus artes locales. Las falsificaciones podrían estar metiéndose en el mercado. Los inversores chinos han sido objeto de acusaciones por poner dinero detrás de artistas jóvenes, para luego aumentar sus precios y quedarse con la ganancia.
Las artes prósperas son todavía relativamente nuevas para la China moderna. Las ricas tradiciones en pintura y cerámica del país dieron lugar al realismo socialista, después de la revolución comunista de 1949. En la década de 1980, mientras el Gobierno se sumergía en las reformas económicas, se abrió el espacio para los artistas y ellos comenzaron a jugar con los límites.
Su experimentación ha entregado abundantes dividendos y el mejor lugar donde se percibe esto es en «798» de Beijing, un laberinto de pujantes galerías, en un antiguo complejo industrial construido por Alemania Oriental. No obstante, hay quienes se lamentanporque los precios galopantes están distorsionando al sector. «En el pasado, había muchos coleccionistas puros», dijo Dong Guoqiang, presidente de Consejo Internacional de Subastas en Beijing, un trabajo algo extraño para un crítico de lo que él ve como la cultura del RLI, o reembolso de la inversión. «La práctica de coleccionar arte como arte ha desaparecido. La gente está concentrándose más en la inversión y en el RLI que en goce del arte», agregó.
La aparentemente insaciable demanda de arte contemporáneo chino ha catapultado a Hong Kong al tercer lugar entre los centros de subastas del mundo, detrás de Nueva York y Londres. Jerome Sans, director del Centro Ullens de Arte Contemporáneo, un espacio sin fines de lucro en Beijing, piensa que es triste que los galopantes precios recojan tanta atención, reduciendo el verdadero contenido a poco más que una idea de último momento.
Yue y sus contemporáneos ofrecen un punto de vista del vertiginoso desarrollo económico de China y la contaminación, corrupción y represión que se entrelazan con ello. «Son artistas chinos que están capturando este período de transición en un modo original y crítico. Su obra será muy interesante en un par de décadas», dijo Sans, un veterano de la industria del arte. «Una vez que los coleccionistas chinos empiecen a coleccionar intensamente, no terminará pronto», afirmó. «Aquí se está dando la explosión de una nueva era, de modo que lo que vemos, pienso yo, es sólo el pequeño comienzo», añadió.


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