10 de noviembre 2005 - 00:00

"Oldboy"

En «Oldboy» (film sorprendentemente premiado por el Jurado de Cannes) todo esexagerado, desde la violencia demente hasta la artificiosa puesta en escena.
En «Oldboy» (film sorprendentemente premiado por el Jurado de Cannes) todo es exagerado, desde la violencia demente hasta la artificiosa puesta en escena.
«Oldboy» (Corea del Sur, 2004, habl. en coreano). Dir: Park Chan-wook Int: Choi Min-sik, Yu Ji-tae, Kang Hye-jeong. Lee Seung-Shin.

Cuando una película recibe un premio especial del Jurado del festival de Cannes, se puede esperar algo parecido a una obra maestra. Más cuando un premio como éste no le es dado a un director encumbrado dueño de una carrera lo suficiente prestigiosa como que no importe la calidad intrínseca de la película premiada. Park Chan wook no es precisamente Bergman, lo que no impide que algunos de sus trabajos previos no conocidos en nuestro medio hayan servido para que, en medio del interés un poco snob por todo film violento con pretensiones avant garde surgido de Oriente, de golpe, sea aplaudido con alabanzas muy poco medidas.

Lo cierto es que recordando premios especiales de jurados de Cannes a películas extraordinarias como «Harakiri» de Masaki Kobayashi o «Matadero 5» de George Roy Hill, por un lado parece un chiste darle la misma categoría a este delirio ultra dark. «Oldboy» combina excesos de todo tipo y calibre en lo argumental y dramático, sólo que con un estilo formal y narrativo tan artificioso en su estética del grotesco que termina señalando un director con la audacia para plasmar la escena mas retorcida en crueldad sadomasquista para luego degradarla quitándole fuerza formalmente al enfocarla de manera deliberadamente artificiosa, forzada y finalmente poco genuina.

La historia atroz de un tipo común y corriente que es aprisionado 15 años en la misma habitación sin poder imaginarse qué hizo para merecer eso, y sin siquiera conocer la identidad de su impiadoso carcelero es tan fuerte que, siendo sinceros, es difícil saber qué tratamiento visual o dramático la mejoraría, o no, en el plano creativo. El espectador siempre percibirá que luego de todo el espanto exagerado que ha presenciado, el director se las ingeniará para subir la violencia a niveles surrealistas que no siempre alcanzan todo su potencial debido a ese sentido modernamente tibio de la puesta en escena.

En todo caso, el espectador aguerrido sabrá apreciar los desaforados momentos románticos de amor fou de pura cepa surrealista, pero con una capa de crueldad oriental tan demente que a su lado Fu Manchu es un dechado de bondad.

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