Oscar Martínez: «No quiero
decir que nunca más voy a
trabajar como actor. Es
probable que lo haga, pero
también es probable que
no».
Oscar Martínez se muestra cada vez más absorbido por sus nuevas facetas de dramaturgo y director. El mismo lo confirma a este diario, ocupado en el estreno de su segunda pieza teatral «Días contados» y la inminente gira por el interior del país de «Ella en mi cabeza». «Estoy haciendo lo que me gusta y me siento feliz. No quiero decir, taxativamente, que nunca más voy a trabajar como actor. Es probable que lo haga, pero también es probable que no lo haga», dice.
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«Días contados» se estrena el 16 de julio con el protagónico de Cecilia Roth en el papel de Ana Casal, una escritora y guionista de cine, divorciada y madre de una hija adolescente. La pieza alude al relato que hace la protagonista de sus múltiples desavenencias familiares y al repentino deterioro mental que sufre su madre (Claudia Lapacó). También tendrán importancia dramática los conflictos que distancian a Ana de su hermano psiquiatra (Alejandro Awada) y de su ex marido (Gustavo Garzón) ahora casado con una mujer mucho más joven.
Martínez anticipó también que «Ella en mi cabeza» debutará en Mar del Plata, en enero, protagonizada por Darío Grandinetti. «Julio Chávez debe cumplir con un compromiso que tenía previamente y que fue postergando durante dos años, pero ya no lo puede relegar más», explicó. Cabe recordar que esta pieza fue estrenada recientemente en Chile y en México con elencos locales y ya tiene sus derechos vendidos para España («Tal vez se estrene este año», dice el autor) e Israel.
Periodista: Se está dedicando a escribir y dirigir a tiempo completo.
Oscar Martínez: Terminé de escribir «Ella en mi cabeza» en septiembre de 2003 y en febrero de 2004 empecé a escribir las primeras páginas de «Días contados» en Barcelona. En abril me desprendí de «Art» que estaba de gira en España. Es decir que entre una y otra pieza pasó menos de un año. Al principio no le encontraba la vuelta a esta obra. Me parecía un jeroglífico escrito por otro, hasta que la retomé en agosto de 2005 cuando descubrí que el personaje que había creado era ideal para Cecilia Roth. Eso me destrabó y terminé la obra el 25 de abril. Y el 2 de mayo la empezamos a ensayar. Con Roth hicimos «Relaciones peligrosas», durante un año, aquí mismo en La Plaza, y varias temporadas de televisión con «Nueve lunas». Obviamente, tengo un conocimiento muy grande de su instrumento como actriz y de su sensibilidad.
P.: ¿A qué se debe que los protagonistas de sus obras se presenten y hablen a público?
O.M.: El protagonista de «Ella en mi cabeza» lo hacía porque estaba ante una especie de tribunal imaginario. En el caso de Ana se debe a que ella es una autora teatral. Abre y cierra el espectáculo hablándole al espectador, incluso introduce algunos comentarios dentro de varias escenas; ya que además de protagonizar la acción, es la que ha escrito la obra que estamos viendo. Lo que ella cuenta es cómo la afectaron esos hechos ocurridos tiempo atrás y lo hace en un escenario porque para ella es su ámbito natural. Esta que cuenta es «otra» Ana, atravesada por la experiencia de aquellos días.
P.: Leyendo el texto se ve que, como en «Ella en mi cabeza», nuevamente le da mucho valor a la palabra. La protagonista tiene dominio al respecto, además de un carácter difícil y un temperamento controlador.
O.M.: La madre de Ana es un tanque Sherman, arrasa con todo, pero también el hermano se le planta y le quiebra el saque y lo mismo el ex marido. Es decir, son todos personajes con un caudal cultural y buenas herramientas de expresión que a pesar de eso no pueden comunicarse bien. Ana tiene una lógica asesina, es cierto, pero es una persona que ha sufrido mucho y el dolor la ha vuelto muy reactiva.
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