30 de noviembre 2001 - 00:00

"Para diferenciarme, en mis inicios, yo no tocaba tangos"

Pablo Agri
Pablo Agri
(30/11/2001) Pablo Agri reparte su tiempo en varios proyectos: su lugar como violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional y de la Orquesta de Cámara Mayo, el trío de tango camarístico que integra con Daniel Falasca en contrabajo y Christian Zárate en piano (y con quienes prepara un CD por editarse en 2002), y sus participaciones como músico invitado para giras y espectáculos de distintos artistas de tango como Néstor Marconi y Guillermo Fernández. A todo eso le sumará el lunes un homenaje a su padre, Antonio Agri, con un recital con entrada libre, en el salón Alberto Williams del Centro Nacional de la Música y la Danza, donde presentará su más reciente álbum, «Agri X 2».

Periodista: ¿En qué jugó a favor y en qué en contra el hecho de ser el hijo de un violinista de tango tan reconocido?

Pablo Agri:
Los contras aparecieron primero, porque la exigencia y la competencia natural estuvieron claramente desde que yo era muy chico; y siempre me escucharon con ese oído comparativo. Pero es mucho más lo que tuve a favor. Desde lo más simple, como que siempre estudié con el violín afinado, hasta que viví rodeado de música y de músicos; calcule que cuando yo nací, en 1968, se estaba estrenando la operita «María de Buenos Aires», de Piazzolla, y mi viejo estaba ahí.

P.: ¿Siempre prefirió el tango?


P.A.:
Yo tuve una formación más académica que la de mi papá y desde el principio estuve muy relacionado con el ambiente de la música clásica; ahora mismo lo sigo estando. Y en los primeros años no quería tocar tango justamente para diferenciarme de él. Pero el acercamiento era inevitable; y he hecho muy buena escuela porque he tocado con grupos muy diversos en su estilo, desde Los Solistas de D'Arienzo hasta la Orquesta Color Tango, más pugliesiana, o el Quinteto Real, como reemplazo de mi padre, o con Mossalini y Beytelman en Europa. Más allá de que yo, personalmente, me identifico más con la música de Piazzolla.

El mejor

P.: A propósito de Piazzolla, ¿cómo ve usted, como músico de dos generaciones posteriores, la realidad actual del tango en relación con la fuerte marca que dejó el bandoneonista?

P.A.:
Sin duda, Astor los marcó a todos; y me refiero a los compositores puesto que yo no compongo. Pero después de un tiempo de cierta transición, veo que ahora están pasando muchas cosas; inclusive, me parece bueno que artistas internacionales de la música clásica, como Daniel Baremboim o Guidon Kremer se acerquen a nuestra música y la hagan a su manera. Por cierto, en nombre de esa internacionalización pueden pasar cosas terribles. Pero no hay límite, sobre todo cuando hablamos del comercio de la música; y el mejor límite, finalmente, lo pone la gente.


P.: Por lo visto, usted no es de los que hacen diferencia entre tocar música clásica y tango.

P.A.:
La música es una sola y la única diferencia está en el lenguaje. Me parece que lo único importante, sea que uno toque tango, música sinfónica o clásica de cámara, es que se pueda llegar a la gente, decir algo, transmitir aquello que uno también siente tocando y no ser un mero lector de notas.

P.: ¿De qué se trata el homenaje a su padre?


P.A.:
El disco y el concierto con que lo vamos a presentar son la recopilación de una serie de obras que escribió mi padre y que estaban inéditas. Hay adaptaciones que hizo Guillo Espel-de obras escritas originalmente para orquesta sinfónica y vamos a estrenar «Carambón», que nunca fue interpretado en vivo. Yo soy solista con la Orquesta Mayo y la dirección de Pedro Calderón y vamos a tener a Atilio Stampone, Leopoldo Federico y Osvaldo Berlingieri como invitados de lujo.

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