8 de marzo 2001 - 00:00

Para ser Lorca es frío, pero la técnica fascina

Un poeta en Nueva York.
"Un poeta en Nueva York".
«Un poeta en Nueva York», de F. García Lorca. Dir.: G. López y J.M. Roca. Cor.: F. Lima, G. López. Il.: P. Domínguez. Int.: G. López, F. Lima, B.L. De Blas, J. Castro. (Teatro Cervantes.)


La palabra tiene mucho menos peso que las imágenes en el espectáculo presentado por el grupo español Producciones imperdibles, que se considera heredero de La Pupa. El grupo, que trabaja en Sevilla, privilegia la danza, la música y la plástica, para crear un producto en el que los verdaderos protagonistas son los recursos técnicos, que por momentos lo asemejen a un «videoclip», imaginativo y bello.

En la enorme pantalla que ocupa el fondo del escenario, se proyectan imágenes creadas por computación y películas que ilustran sobre determinados acontecimientos, desde la llegada del hombre a la Luna, los efectos de la guerra y del hambre, hasta unas impactantes tomas de «King-Kong».

Las impresiones que Federico García Lorca describiera en «Un poeta en Nueva York» sirven de excusa para números en los que los actores cantan, bailan y hablan fundiéndose o intentando destacarse sobre las imágenes proyectadas, tan potentes, que les resulta casi imposible imponerse a ellas.

Con la ayuda de maquinarias sofisticadas, Gema López y José María Roca crean efectos impresionantes que, en el caso del poema sobre la gravedad, permiten lograr la sensación de vuelo, algo que seguramente hubiera deleitado a Artaud, que soñaba con un espacio teatral al que denominaba «hangar», en el que el actor, como lo declaró Piet Mondrian, «puede muy bien no aparecer», con lo que «el artesano manejado por el actor se convierte en industria, y lo que cuenta para los creadores es la resolución de espacio, forma y color».

Los creadores del espectáculo siguen las huellas de Gordon Craig, Appia, Tairov y Piscator, entre otros, buscando un teatro que despega del sentimiento y apunta hacia la abstracción.

Para algunos teóricos, como Odete Aslan, la inclusión de las técnicas audiovisuales en el mundo del espectáculo es una intrusión. Para otros, su incorporación constituye un inestimable aporte. Este espectáculo, fascinante pero frío, refleja una tendencia de la escena actual: el avance de la tecnología, que relega al actor a un lugar en el que ya no es señor de la escena, sino un simple «material» del que el regisseur se sirve, tal como lo sostenía Gordon Craig. Teoría que por supuesto es rebatida por aquellos que defienden la supremacía de los intérpretes, algo que demostró brillantemente Alfredo Alcón, cuando en un escenario vacío, sin más ayuda que una luz, desentrañó el espíritu de Lorca.

Aunque es justo reconocer que el espectáculo brindado por Producciones imperdibles impacta al espectador, y en el último poema, los elementos técnicos y el talento interpretativo logran fundirse, obteniendo una síntesis que refleja el pensamiento del poeta.

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