La versión
hollywoodense
del film italiano
«El último
beso» está
bien actuada y
correctamente
filmada; el
problema está
en el guión,
que
«americaniza»
la historia
hasta la
caricatura.
«Un beso más» (Last Kiss, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: T. Goldwyn. Guión: P. Haggis sobre argumento de G. Muccino. Int.: Z. Braff, J. Barrett, C. Affleck, R. Bilson, B. Danner, T. Wilkinson.
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Si algunos espectadores tienen sensación de déjà vu, es porque a esta película la vieron antes, sólo que con otros actores, hablada en italiano y con algo más de sustancia. Desde el título original se indica que es una remake estadounidense de «El último beso» de Gabriele Muccino, quien pese a haber debutado ya en Hollywood (con la hollywoodense «En busca de la felicidad»), esta vez sólo ejerce de director ejecutivo de una aplanada versión de su película más exitosa, que si bien estaba construida a la americana, pintaba bien a los personajes, tenía humor sin caer en el gag televisivo y estaba impregnada de un desencanto que, desde luego, desaparece en la remake.
Para no seguir con las comparaciones, digamosque el film se centra en la historia de Michael (Zach Braff), un casi treintañero de clase media acomodada cuya vida funciona perfectamente bien -»justo como la había soñado cuando era niño»-, pero igual entra en crisis al enterarse de que su bella y encantadora novia está embarazada. Estado ideal para que preste más que oídos al canto de sirena de una chica mucho menor (no tanto como la original, directamente una Lolita), con las consecuencias y arrepentimientos del caso.
Como es un film coral (la adaptación, no casualmente, la escribió Paul Haggis, el guionista y director de «Vidas cruzadas», intempestivo Oscar 2006), a su alrededor hay otros sufridores. En primer lugar, sus tres mejores amigos que, como él, enfrentan el pasaje a la adultez con recursos adolescentes, incluido uno que ya está (mal) casado y es padre de un bebé. Para completar el cuadro, la suegra de Michael pasa por su propia debacle conyugal con un distante marido psicoanalista.
Empezando por Braff (el autor, director y protagonista de la notable «Tiempo de volver», sobre tema parecido), los actores no están nada mal y eso que Jacinda Barrett, por ejemplo, tiene que enfrentar el carnal recuerdo de Giovanna Mezzogiorno como la novia engañada en el original. El problema es la adaptación, que va corrompiendo poco a poco la naturaleza de la historia hasta «americanizarla» del todo sin culpa, recato ni intención satírica, en un final que es todo un canto al triunfo de la voluntad.
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