2 de diciembre 2004 - 00:00

"Pequeñas heridas"

«Pequeñas heridas» (Petits coutures, Francia, 2003, habl. en francés). Guión y dir.: P. Bonitzer. Int.: D. Auteuil, K. Scott Thomas, L. Sagnier, P. Bussieres, C. Mouchet, J. Yanne, E. Devos. PROYECCION EN DVD.

Provoca sentimientos encontrados esta pieza. Por empezar, y empieza muy bien, es un juego (así conviene verlo, un juego inteligente y algo triste) de extrañas situaciones a propósito de un parisino perdido en los Alpes Franceses, a donde debe llevar un mensaje, y perdido también en materia de mujeres, que encima lo insultan, le pegan, lo muerden, lo manejan, y lo abandonan, aunque, la verdad, él se lo merece.

Tampoco lo tratan amablemente los hombres, que además suelen ser bien antojadizos. El vive las cosas con mucha perplejidad (la expresión habitual del protagonista Daniel Auteuil). Su vieja ideología comunista se le hace indefendible ante quienes le preguntan por el muro. Su viejo tío, funcionario municipal, se le hace indefendible ante los electores. A su noviecita tonta ni siquiera la defiende cuando los parientes (de esos típicos clase media detentores del buen gusto) se la critican, y ella se da cuenta y con justa razón lo abandona por otro. El auto que tomó prestado se le rompe en medio del bosque. Etcétera, etcétera, y recién ahí empieza lo peor, cuando se encuentra con una mujer que parece la suma de todos los antojos y manejos, que lo atrae irracionalmente, y encima pertenece al rival de su tío. Pero lo que para él es un drama, a nosotros puede parecernos un vodevil, una precisa serie de idas y venidas, y entradas y salidas, cronometradas para encontrarse siempre con una mujer distinta, que siempre será la que no le conviene, o la que él trate del modo que menos conviene, y eso que ya es grande y debería saber cómo hay que atender a cada una, según momento, gravitación, e intención de la dama, o la damita, y la intención que uno tenga hacia ella. Desplazando un poco a este infeliz, que no merece ser el eje del relato, por ahí encontraremos que, más que la historia del tipo, ésta es la historia de una sortija de piedras de España, que va pasando de dedo en dedo, y a veces sale a los tirones y con llanto, a veces vuela en medio de una pelea, o es reclamada, y luego rechazada por la misma que la reclamaba, o por la otra, que también ya está en otra cosa, o con otro coso, si se permite el vulgarismo entre personajes tan elegantes y paisajes tan bonitos (lástima que sólo se vean en pantalla de dvd).

Pero no es un vodevil lindo, como aquel famoso del sombrero de paja de Italia, porque ya nadie hace esas maravillas, y además porque esta película no es de un comediógrafo como Georges Lautner o Francis Veber, de risa franca, sino de Pascal Bonitzer, un intelectual reservado, reflexivo, irónico, levemente emparentado, cuanto mucho, con el humor amargo del Bertrand Blier de «Buffet Froid». Solo que «Buffet Froid» jugaba con el absurdo. «Pequeñas heridas» juega con la realidad de quienes no se saben entender.

P.S.

Dejá tu comentario

Te puede interesar