11 de diciembre 2006 - 00:00

Periférica: artistas en forzada autogestión

«Cambio agua» de Daniel Acosta, uno de los numerosos artistas que albergó la segundaedición Periférica, Arte de base, una feria sin galeristas, organizada por artistas que noencuentran su espacio en el mercado y buscan otras vías de distribución.
«Cambio agua» de Daniel Acosta, uno de los numerosos artistas que albergó la segunda edición Periférica, Arte de base, una feria sin galeristas, organizada por artistas que no encuentran su espacio en el mercado y buscan otras vías de distribución.
La semana pasada en el Centro Cultural Borges se presentó la segunda edición de Periférica. Arte de base, una feria sin galeristas, organizada por artistas que no logran encontrar su espacio en el mercado o que, resignados a prescindir de un servicio tan escaso como las galerías, ensayan otras vías de distribución. En los alrededor de 70 stands predominaban los espacios de arte, aunque también se presentaron editoriales y sellos discográficos independientes, que impusieron una dinámica y estilo especial a esta feria.

Los organizadores de Periférica, los artistas Gustavo López, Fernanda Laguna, Ana Gallardo, Florencia Sabá y Gustavo Crivilone, piensan que «las prácticas en las distintas artes hacia nuevos lenguajes, hizo emerger un modelo de artista gestor comprometido con la naturaleza social y pública de estas obras, lo que generó corrimientos en el campo cultural».

La feria, que persigue el objetivo de brindar acceso al mercado, sirvió además para demostrar la capacidad de gestión cultural de los artistas, y testimoniar la desbordante actividad que en la Argentina crece fuera del sistema que pueden abarcar instituciones y galerías. Pero también fue útil para consolidar el diálogo entre artistas y para abrir interrogantes.

Lo primero que llamaba la atención al recorrer Periférica, era el tamaño diminuto de las obras, característica ajena a cuestiones de calidad, que predominaba en casi todos los stands. Es decir, más allá de que se vieron buenas y bellas pinturas, fotografías y objetos, y más allá de que los espacios eran pequeños y muchos los participantes, la dimensión mínima de los trabajos exhibidos convierte la escala de Periférica en una rareza digna de interpretación.

Es un hecho casual que « Estudio Abierto», la megamuestra organizada por el Gobierno de la Ciudad, cerrara sus puertas hace apenas unos días. Pero el recuerdo de las inmensas obras de arte que llenaron el edificio del Correo Central, está fresco todavía. Es casual que ambas actividades fueran casi simultáneas, aunque lo que queda a la vista es la espectacularidad que se puede lograr con algo de apoyo, ya que el Gobierno de la Ciudad decidió pagarles a los artistas el costo mínimo de los materiales para que realicen sus obras.

Por el contrario, en la marea de los proyectos de autogestión que llegaron a Periférica desde todo el país y el exterior (y en este caso autogestión implica que los artistas además de hacer las obras busquen recursos para exhibirlas), el arte, aunque hay excepciones, parece encogerse, acotar literalmente su dimensión.

El pequeño formato, como el de los antiguos salones, tiene su gracia, no imponen la situación de distancia que generan las obras cumbre de los museos, por el contrario, obliga al espectador a acercarse y entablar una relación más íntima con el arte. Un buen ejemplo es el de la tucumana Rosalía Mirabella, que el mes pasado pintó un mural en el Centro Cultural de Tucumán, y en Periférica presentó unas pequeñas obras que atrapaban las miradas.

Por otra parte, el año pasado Periférica causó irritación a varios galeristas, más que nada a quienes valoran su trabajo forzado para insertar a sus artistas en el sistema. Lo cierto es que el equilibrio es difícil. A través de la venta directa, la feria podría bajar las cotizaciones que tanto cuesta conseguir y que permiten no sólo que prospere el mercado, sino además concretar proyectos como muestras en el extranjero o editar buenos catálogos.

Pero quienes cuentan con galerías que se ocupan de sus obras son escasos. Entretanto, con su energía y actividad puesta al límite, estas redes de artistas -que se las arreglan con centavos-, consiguen financiar su lugar en el mundo y se enorgullecen de gestionar becas, intercambios, viajes, programas de estudio y de comercializar sus obras. No es la situación ideal, pero es el modo de crecer que han encontrado.

¿Dónde se forma y perfecciona un artista? Parece mentira, pero en la Argentina no existe este lugar. Para hablar de las experiencias de gestión colectivas, de la cooperación, la transmisión de conocimiento, la legitimación y la crítica entre pares, se realizaron los encuentros «Tecnologías de la amistad», exclusivos para los participantes de la feria.

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