21 de marzo 2006 - 00:00

Perlas del festival: un cineasta africano que cautivó al público

El directormauritanoMed Hondohabló delenraizadorencor contraFrancia, y dela erróneaaplicaciónactual de lapoligamiaentre losárabes.
El director mauritano Med Hondo habló del enraizado rencor contra Francia, y de la errónea aplicación actual de la poligamia entre los árabes.
Mar del Plata - Más allá del bullicio de la ya finalizada competencia, de las inservibles discusiones sobre si los premios fueron injustos o no, el Festival de Mar del Plata fue visitado por algunas figuras desconocidas en estas tierras, aunque apasionantes para conversar con ellas y descubírselas al público. Por ejemplo, el director africano, mauritano para más datos, Med Hondo, quien presentó la película «Fatima, la argelina de Dakar».

Al final de ella, un viejo dice, mirando a cámara, «El tiempo no pasa. Pasamos nosotrospor el tiempo». Atrapantedesde el comienzo, ésa fue una de las películas más aplaudidas de la muestra. La charla con Hondo depara algunas sorpresas, como su afirmación de que la poligamia entre los árabes no obedece a ningún mandato del Islam, sino al desvío, por parte de los practicantes, de una ordenanza sólo circunstancial. Dialogamos con él.

Periodista
: La historia que usted cuenta, sobre un violador negro que logró el perdón de la mujer árabe, e incluso su amor, ¿cuánto tiene de real?

Med Hondo: La auténtica Fatima vive todavía, ya anciana.Y los cuatro hijos también, hoy son todos profesionales, uno es profesor de árabe, otro es médico, etc. La fuerza del padre les ha dado éxito.


P.:
Vamos por partes. Todo comienza durante la guerra de Argelia, donde un joven oficial negro dirige una patrulla de franceses blancos.

M.H.: Senegales, marroquíes, muchos africanos formó Francia, hicieron carrera, y pelearon en ambas guerras mundiales, y luego en Indochina, Madagascar, y Argelia. No aparecen, casi, en noticieros ni fotos, porque es una historia escondida adrede, para restarnos mérito, pero es cierta. Encima Francia también hacían pelear africanos entre sí, y colonizados entre sí.


P.:
El personaje viola a una campesina, y con los años siente la necesidad de pedirle perdón.

M.H.: La violación es un crimen que las guerras facilitan. En el ejército francés se decía «pueden hacerlo, pero discretamente». Años atrás, muchas mujeres argelinas escribieron libros sobre las torturas y violaciones que padecieron. Hasta hubo un hombre cuya madre fue violada por todos los soldados de una tropa, y como desconoce cuál de ellos es su padre hizo una acusación pública al ejército. Luego el padre del personaje le recuerda que para nosotros la honra, el buen nombre, es algo sagrado. «Es muy importante que mi hijo no haya mancillado su nombre». Antes muchos hombres huían de su aldea para escapar de la vergüenza. Hoy no. Cuando se entera, le insiste al hijo para reparar el daño, casarse con la mujer, honrarla, y pedirle perdón. El perdón debe tener compensación. Puedo perdonar a quien me hizo daño si reconoce lo que hizo y paga. Si no, es un perdón religioso. El Islam dice que entre musulmanes hay que perdonarse. Pero, como en todas las religiones, a las frases hay que hacerlas realidad.


P.:
Lo singular es que ella lo termina amando.

M.H.: Eso no es excepcional. Hay que entender lo que padeció, las burlas, el racismode los aldeanos hacia su hijo, hasta que este hombre vuelve y reconoce su falta. El hombre le pide perdón reiteradamente, además se enamora de ella, le dice «como quieras», le abre la puerta para salir de ese infierno. En Senegal ella descubre otro pueblo, las mujeres la aceptan como a una de ellas, hace amigas, y el suegro tiene tanta felicidad de tener una hija y un nieto, y que la reparación se haya hecho efectiva, que todo eso le permite enamorarse y tener más hijos. Después, más adelante, él asciende y quiere una segunda mujer. Ese es otro conflicto, y el padre elige ponerse de parte de la nuera.


P.:
¿La poligamia no es legal en el Islam?

M.H.: Si lee un poco, verá que el profeta Mohamed la autorizó una vez como algo circunstancial, porque en ese momento había pocos hombres, y, para evitar que hubiera prostitutas y bastardos, autorizó que quienes pudieran alimentarlas, educarlas, y respetarlas, podían tener hasta cuatro mujeres. Era una ley circunstancial, que luego se desvirtuó por una visión feudal, mantenida por quienes usan la religión para sus fines particulares. Pero en esta historia finalmente él seguía muy enamorado de ella como para tomar otra mujer. Es un hecho real.


P.:
Final feliz, entonces. ¿Y ahora?

M.H.: Estoy preparando un film histórico muy importante, la epopeya de Toussaint L'Ouverture, el padre de la patria haitiana. Pienso brindar cierta estética nuestra, y una visión africana de la historia, como la muestro en «Fatima», donde también aludo al sueño de la Unión Panafricana. Pero no podremos rodar en Haití. Las selvas, los bosques, han sido totalmente devastados. Quizá sólo haga unas tomas en Dominicana, y el resto será en Sudáfrica y Mozambique.


P.:
El principal coproductor de los cineastas africanos es Francia. ¿Cómo es esa relación de odio y necesidad que tienen ustedes con Francia?

M.H.: Una pregunta brutal que no corresponde del todo a la verdad. Soy francófono. No tengo odio. No me gusta esa palabra. Y si necesitamos dinero y lo pedimos, bien, jamás Francia podrá devolverme todo lo que se llevó de mi continente. Además, si reflexionamos un poco, vemos que lo que nos da en realidad es para subvencionar su propia infraestructura cinematográfica, porque terminamos yendo a sus laboratorios, comprando sus equipos, etc. Encima mete las narices en nuestros asuntos, y controla nuestra vida política.Ya un día llegaremos a la relación más pareja de fuerzas que hoy viven ustedes con España.

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