La decisión de unir el tango con el jazz no es una idea nueva. Mucho se ha escrito para explicar las relaciones entre ambos géneros. Y es habitual que ciertos artistas de tango (Piazzolla fue el pionero en ese sentido, pero después han venido otros) tengan su lugar en alguno de los grandes festivales de jazz inter-nacionales. La presencia de Pablo Ziegler en el último Festival de Punta del Este podría ser un buen ejemplo.
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Similitud
Es posible que estas dos músicas tengan ciertos puntos en común: su origen marginal y su ascenso posterior a las clases más altas, su fuerte herencia europea, su proceso de internacionalización.
Pero, más allá de sus armonías, sus melodías, sus ritmos, hay algo que las separa absolutamente, y es la improvisación, ausente en el tango y fundamental en el jazz. Entonces, cada vez que se intenta una fusión, salvo honrosas excepciones, lo que se hace en realidad es llevar la música rioplatense al terreno de la afronorteamericana, aplicando el repentismo, la creación inmediata, a las piezas de nuestro género, tratándolos como si fueran estándares. Lo que proponen Daniel Binelli y Néstor Astarita podría inscribirse en esta última línea y, por el momento, los resultados no son muy atrayentes.
Como contrapartida, lo mejor de un concierto muy variado fue, justamente, cuando el bandoneonista, en dúo con el guitarrista César Angeleri; y el bate rista, en cuarteto de jazz, abordaron los géneros más puros. Uno, dedicando un set al repertorio de Miles Davis, precedido por un video del gran trompetista; y el otro, con algunas piezas de Astor Piazzolla, el otro homenajeado, también presente desde la pantalla.
La fusión que llegó en el final, en cambio, no logró plasmarse del todo. Las improvisaciones de los músicos jazzeros sobre el «Allegro tangabile» y «Libertango» de Piazzolla, o la versión de un tema de Miles por Binelli-Urquiza no terminaron de dar con la esencia de esas piezas, y no por falta de capacidad de los instrumentistas participantes -todos, indudablemente buenos-, sino por una unión de lenguajes que en rigor no fue tal. La danza final de Binelli y Astarita con bailarinas de tango sobre la música de Piazzolla fue un gracioso cierre, pero también sirvió para demostrar que ambos deberían conformarse con ser buenos músicos.
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