20 de junio 2007 - 00:00
Postales de una ilusión en la Alemania en ruinas
-
Netflix sorprendió a todos con la última película de una de las sagas de acción más exitosas de la historia
-
Un cruce entre la danza y mundos tan distintos que van de Tchaikovsky a María Elena Walsh
El director del Museo del
Cine y la TV de Berlín,
Rainer Rother, curador de
la muestra «Selling
Democracy» que se verá
en el Teatro San Martín. La
imagen es del corto «El
invisible alambre de púas».
P.: Igual habría algún recelo.
R.R.: Se puede apreciar en los vecinos de «El invisible alambre de púas», que al comienzo no se entienden, y cuando empiezan a hablarse el alemán echa en cara al norteamericano algunos aspectos de la ocupación. Pero por lo común estas películas hablaban solo de la relación de los europeos entre sí, y de cómo mejorar sus vidas por su cuenta. El Plan estaba programado para existir apenas cuatro años, como una ayuda inicial.
P.: Supongo que nunca vieron «This is Germany», de la serie norteamericana «Por qué peleamos».
R.R.: Ese fue un intento bastante drástico de mostrarles a los soldados aliados cuál era su enemigo hacia el fin de la guerra. Muchos nazis podían tratar de acomodarse, había que desconfiar. Lo curioso es que lo hizo Gottfried Reinhardt, hijo del famoso director de teatro Max Reinhardt. Este Gotfried era ciudadano norteamericano, incluso creo que fue soldado. Por supuesto, los alemanes nunca vieron ese corto.
P.: ¿Y «La mundana» («Foreign affairs»), de Billy Wilder, con Jean Arthur y Marlene Dietrich? [Se exhibe hoy a las 22 por «Retro»]
R.R.: Los norteamericanos instalados en Europa la rechazaron, el encargado de cine del Plan Marshall la calificó de negativa, pero es fantástica, y evidencia muy bien las debilidades y picardías de cada parte, como el mercado negro, los favores especiales, etc. Al público le gustó. Lo que rechazó fue el corto «Hambre», donde se veía que otros países también estaban mal. Nadie quería saber eso, y menos que le recriminen su mezquindad. Ahí fue donde los del Plan decidieron poner punto final a las imágenes de posguerra y mirar solo al futuro. Algo más: a diferencia de las propagandas nazis y soviéticas, que hablaban de comunidad, las Marshall pusieron el acento en el individuo, y en las historias de superación personal. Otro detalle: en su mejor momento, cada corto era realizado por gente del país al que iba dirigido, con conocimiento real del lugar y de sus problemas. Fíjese en los nombres de los realizadores. En nuestro caso, también hubo mujeres realizadoras. Y varios hicieron carrera, como el austríaco Georg Dressler, que empezó con «Hans y los 200.000 pollitos», para el Marshall, y siguió dirigiendo cine y TV hasta 1994 (incluso «Disneylandia»).
P.: ¿No suena medio gracioso el tono enfático de casi todos los cortos?
R.R.: Hoy parecen algo naif, de un didactismo ingenuo, poco elegante, pero eran sinceros,sencillos, y muy eficaces. Un dato: «Yo y Mr. Marshall» se hizo antes de que se implementara el Plan Marshall. ¡Qué confianza se tenían! Y eso fue decisivo: quienes lo promovieron, estaban absolutamente convencidos de sus bondades.
P.: ¿Cómo se conservó todo ese material?
R.R.: La mayoría estaba en el Archivo Federal (el más grande archivo fílmico de Alemania), el resto en el Museo Histórico Alemán y en el Museo del Cine y la Televisión de Berlín. Por suerte conservamos toda clase de películas, y no solamente «los grandes títulos». Y ahora también conservamos material televisivo. Pocos lo saben, pero Alemania fue, de 1936 a 1943, el primer país del mundo que emitió una señal televisiva. Y como parte de ese material era en fílmico, algo tenemos. El resto es más actual.
Entrevista de Paraná Sendrós




Dejá tu comentario