20 de junio 2007 - 00:00

Postales de una ilusión en la Alemania en ruinas

El director del Museo delCine y la TV de Berlín,Rainer Rother, curador dela muestra «SellingDemocracy» que se veráen el Teatro San Martín. Laimagen es del corto «Elinvisible alambre de púas».
El director del Museo del Cine y la TV de Berlín, Rainer Rother, curador de la muestra «Selling Democracy» que se verá en el Teatro San Martín. La imagen es del corto «El invisible alambre de púas».
De interés para cinéfilos, economistas, publicitarios, historiadores, expertos en ciencias políticas, y medios de comunicación: mañana a las 19.30, en Sala Lugones, Rainer Rother, director del Museo del Cine y la Televisión de Berlín, presentará «Selling Democracy» («Vendiendo democracia») un breve ciclo de cortos de propaganda a favor y en contra del Plan Marshall, el plan norteamericano que levantó a Europa y la alejó del comunismo después de la guerra. El viernes, los comentarios estarán a cargo del economista Axel Kicilov, especialista en el tema. Organizan, el Instituto Goethe y Cinemateca Argentina.

Algunos trabajos, hechos entre 1948 y 1953, hoy son verdaderos clásicos, como el dibujo animado «El zapatero y el sombrerero», que con buen sentido del humor contrapone libre comercio y proteccionismo, realizado por Halas y Bachelor, que después harían «Rebelión en la granja». O el primero de todos, «Yo y el señor Marshall», donde un joven minero explica muy claramente el funcionamiento concreto del plan, y, ante todo, qué bien se come en el sector alemán ocupado por los Estados Unidos. Dialogamos con Rother:

Periodista: Empecemos por lo personal: ¿qué recuerdos tenían de esa época en su familia?

Rainer Rother: Crecí en un pueblito cercano a Bremen, con una imagen positiva del Plan Marshall. Había un progreso real, una tía emigrada a EE.UU. nos escribía maravillas, y en la TV ya empezábamos a ver muchos programas norteamericanos. También estaban las Casas de América, que eran centros culturales con mucha folletería, de modo que todos íbamos creciendo con las ideas de democracia, libre comercio, etc.

P.: ¿Y los escolares participaban en la administración municipal, como los del corto «Nuevos aires en viejas calles», que acompañan al intendente y al policía?

R.R.: Así era como EE.UU. imaginaba que debíamos aprender la democracia. Yo no conocí esos programas de participación infantil, pero lo cierto es que, por primera vez, los alemanes empezamos a aprender algo de formación cívica, cómo funcionan las estructuras políticas, cuál es la responsabilidad del ciudadano, según se ve en «La silla vacía» (sobre un comerciante que se queja del candidato que votó, pero no participa en ninguna asamblea), etc. Pero esos cortos responden al proceso de democratización, más que al Plan Marshall. Completo su primera pregunta: a diferencia de Italia o Francia, donde hubo reticencias, en Alemania el Plan fue muy bien recibido, y eso en primer lugar a causa del bloqueo soviético a Berlín. Como EE.UU. ayudó de inmediato a los berlineses, todo el país dejó de verlo como invasor, y pasó a quererlo como protector. Nuestra imagen positiva de EE.UU. comienza ahí.

P.: Igual habría algún recelo.

R.R.: Se puede apreciar en los vecinos de «El invisible alambre de púas», que al comienzo no se entienden, y cuando empiezan a hablarse el alemán echa en cara al norteamericano algunos aspectos de la ocupación. Pero por lo común estas películas hablaban solo de la relación de los europeos entre sí, y de cómo mejorar sus vidas por su cuenta. El Plan estaba programado para existir apenas cuatro años, como una ayuda inicial.

P.: Supongo que nunca vieron «This is Germany», de la serie norteamericana «Por qué peleamos».

R.R.: Ese fue un intento bastante drástico de mostrarles a los soldados aliados cuál era su enemigo hacia el fin de la guerra. Muchos nazis podían tratar de acomodarse, había que desconfiar. Lo curioso es que lo hizo Gottfried Reinhardt, hijo del famoso director de teatro Max Reinhardt. Este Gotfried era ciudadano norteamericano, incluso creo que fue soldado. Por supuesto, los alemanes nunca vieron ese corto.

P.: ¿Y «La mundana» («Foreign affairs»), de Billy Wilder, con Jean Arthur y Marlene Dietrich? [Se exhibe hoy a las 22 por «Retro»]

R.R.: Los norteamericanos instalados en Europa la rechazaron, el encargado de cine del Plan Marshall la calificó de negativa, pero es fantástica, y evidencia muy bien las debilidades y picardías de cada parte, como el mercado negro, los favores especiales, etc. Al público le gustó. Lo que rechazó fue el corto «Hambre», donde se veía que otros países también estaban mal. Nadie quería saber eso, y menos que le recriminen su mezquindad. Ahí fue donde los del Plan decidieron poner punto final a las imágenes de posguerra y mirar solo al futuro. Algo más: a diferencia de las propagandas nazis y soviéticas, que hablaban de comunidad, las Marshall pusieron el acento en el individuo, y en las historias de superación personal. Otro detalle: en su mejor momento, cada corto era realizado por gente del país al que iba dirigido, con conocimiento real del lugar y de sus problemas. Fíjese en los nombres de los realizadores. En nuestro caso, también hubo mujeres realizadoras. Y varios hicieron carrera, como el austríaco Georg Dressler, que empezó con «Hans y los 200.000 pollitos», para el Marshall, y siguió dirigiendo cine y TV hasta 1994 (incluso «Disneylandia»).

P.: ¿No suena medio gracioso el tono enfático de casi todos los cortos?

R.R.: Hoy parecen algo naif, de un didactismo ingenuo, poco elegante, pero eran sinceros,sencillos, y muy eficaces. Un dato: «Yo y Mr. Marshall» se hizo antes de que se implementara el Plan Marshall. ¡Qué confianza se tenían! Y eso fue decisivo: quienes lo promovieron, estaban absolutamente convencidos de sus bondades.

P.: ¿Cómo se conservó todo ese material?

R.R.: La mayoría estaba en el Archivo Federal (el más grande archivo fílmico de Alemania), el resto en el Museo Histórico Alemán y en el Museo del Cine y la Televisión de Berlín. Por suerte conservamos toda clase de películas, y no solamente «los grandes títulos». Y ahora también conservamos material televisivo. Pocos lo saben, pero Alemania fue, de 1936 a 1943, el primer país del mundo que emitió una señal televisiva. Y como parte de ese material era en fílmico, algo tenemos. El resto es más actual.

Entrevista de Paraná Sendrós

Dejá tu comentario

Te puede interesar