En el Teatro Colón se quebró la calma que imperó durante medio año: la resistencia de su personal al proyecto de convertir la sala en una Sociedad del Estado -que anticipó en primicia este diario- trajo como consecuencia algunas medidas de fuerza que obligaron a reprogramar fechas.
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Instalado en el sillón de director general, el economista Pablo Batalla recibió como ofrenda de bienvenida el quite de colaboración del personal, por temores a una privatización que el Gobierno de la Ciudad desmintió una y otra vez.
Se perjudican, en primer lugar, los abonados a la Filarmónica de Buenos Aires, puesto que se canceló el concierto de esta noche.
No se escuchará el estreno mundial del «Réquiem» de Salvador Ranieri ni el estreno local del «Concierto para violín y orquesta» de Gerardo Gandini ni las «Variaciones Concertantes» de Alberto Ginastera. Hipotéticamente, este programa pasa al 20 de noviembre.
También se proyectan algunas sombras sobre los ensayos del próximo espectáculo lírico, la compleja versión de la ópera renacentista «L'Orfeo» de Claudio Monteverdi. Otro de los cambios que se produjeron con la entrada de Batalla fue la designación como Director Escenotécnico de Emilio Basaldúa, un apellido de peso y de estirpe en el historial del Teatro Colón.
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