En pocos días inaugura una muestra antológica en la sala mayor del Museo Nacional de Bellas Artes un gran artista argentino: Jorge Demirjián. Avanzando por el derrotero que habían abierto los informalistas, la neofiguración de los años '60 derribó los últimos prejuicios acerca de la «belle peinture», el cuidado de los detalles, la unidad de la obra, la alienación creadora, con telas violentas y espontáneas pero de notable factura, ensimismadas de angustia por la fragilidad humana y teñidas, al mismo tiempo, de humor y sarcasmo.
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La neofiguración no fue una receta pasajera ni un círculo vicioso, sino un foco de vertientes: Demirjián fue una de ellas. La decadencia del informalismo se inició en 1956, años después de la muerte de Jackson Pollock. La figuración - que al cabo de la Segunda Guerra practicaban, en sus particulares vertientes, Picasso y Léger, Dufy y Matisse, Braque y Chagall, Rouault y Grosz, Magritte y Delvaux - venía recibiendo aportes nuevos a partir de la segunda mitad de la década del 40. Ante todo, los del estupendo pintor Jean Dubuffet con su Art Brut, que con insólitas soluciones matéricas y la exploración de lo grotesco, proponían su defensa de la libertad creadora y un ataque a la «cultura asfixiante», que él combate sin pausa a través de su especial figuración.
De ascendencia informalista, el Grupo CoBrA (por Copenhague, Bruselas y Amsterdam) también rescata la figuración: lo integran, en su fugaz pero revolucionaria existencia (1948 a 1951) los daneses Asger Jorn y Karl Pederson, los belgas Pierre Alechinsky y Cornelis Corneille, y el holandés Karel Appel, quienes persistieron en esta vía, por caminos diversos, después de disuelto el movimiento.
El británico Francis Bacon, con su expresionismo surreal vertido en testimonios sobre la abyección y la crueldad del poder tuvo mucho que ver con esa figuración crítica. De Kooning y Fautrier incursionaron en esa propuesta en la década del 50, y desde 1952 aparecieron atisbos de rostros y siluetas humanas en las telas de Pollock.
En la Argentina, el aporte del informalismo fue una bocanada de aire puro en el ámbito encerrado en las tradiciones académicas y en el racionalismo geométrico, que sin embargo, había venido a subvertir un arte desfalleciente, poniéndolo, por primera vez en la historia, a la altura de las corrientes internacionales.
En 1961, tres meses antes de la exhibición Arte destructivo, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Carolina Muchnik y el fotógrafo Sameer Makarius se presentaron en la Galería Peuser, con una muestra titulada «Otra figuración». De los seis expositores de 1961, cuatro se asociaron en grupo: Deira, Macció, Noé y De la Vega. Demirjián fue alumno de Emilio Pettoruti y Horacio Butler, y en 1960 obtuvo una beca del Fondo Nacional de Las Artes, se trasladó a Europa donde vivió hasta 1962. Durante su estadía en París (1963-66), recibió la influencia del lenguaje singular y las distorsiones de la figura humana del gran artista irlandés Francis Bacon (1902-1992).
Las dos muestras de Demirjián en la vieja galería Bonino de la calle Maipú, (1968-70), coincidieron con el período Pop.
Durante su permanencia en Londres, con una beca del gobierno inglés para un postgrado en el Slade School of Fine Arts, realizó una importante obra gráfica (1970-72). A su regreso, en 1972, inició la serie de los «Deportistas», que continuó durante su exilio en París (1976-1980) durante la dictadura militar.
Las figuras y personajes de los años '80 y '90, singularizan una enunciación grotesca, a través de su sensibilidad dramática; pero su imaginería acerca del hombre y su sociedad emerge de una vigorosa poética de fondo originada en el ritmo de sus pinceladas y la silenciosa riqueza del color. Desde las imágenes imprecisas, casi ambiguas de sus obras de los '60 -como «De carne somos», de 1965-, hasta las últimas telas, «Desiguales», en 2002, el eje ha sido siempre la figura humana, en seres estereotipados que parodian sentimientos, frustraciones y expectativas.
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