"Resistence": cuando lo que importa es la supervivencia

Espectáculos

Rodrigo Tomasso y Marcelo García se hicieron famosos con su "cancha de Huracán digital" en "El secreto de sus ojos".

La aventura del mimo Marcel Marceau, que salvó a decenas de niños judíos durante la guerra y les enseñó a divertirse “en silencio”, es evocada en un film que se estrenará hoy en streaming por Amazon y otras plataformas on demand: “Resistance”, coproducción internacional de Jonathan Jakubowicz, con Jesse Eisenberg (“Red Social”), Clemence Poésy (“Harry Potter”) y Bella Ramsey (“Juego de tronos”). En los efectos visuales, dos argentinos: Rodrigo Tomasso y Marcelo García. Dialogamos con ellos.

Periodista: No se conocía demasiado ese episodio de la vida de Marcel Marceau.

Rodrigo Tomasso: Lo contó en detalle recién poco antes de morir. El se llamaba Mangel, actuaba en cabarets, pero vino la guerra, le mataron al padre en Auschwitz, él y su hermano falsificaron sus documentos cambiando el Mangel por Marceau, y entraron en la Resistencia Francesa. Pero él decía “no sirve matarlos, sino sobrevivirlos”. Por eso quiso que los niños sobrevivieran llevándolos fuera de Francia. Eso pasó realmente. Cuando uno lo piensa, estábamos filmando y había escenas en que me ponía a llorar. La misma actriz miraba la plaza y debía tomarse un tiempo para recomponerse.

Marcelo García: Pero cada uno reacciona de modo distinto. Cuando la producción colocó banderas nazis en un lugar público, los vecinos más viejos se quejaron y los encargados checos de seguridad empezaron a sacarse fotos. Lo curioso es que ésta es una coproducción mayormente alemana, con un comediante, Matthias Schweighofer, como Klaus Barbie, “el carnicero de Lyon”, que dicen que en persona era un tipo muy simpático, o se hacía el simpático.

R.T.: Estamos muy orgullosos de ser, sino el único, uno de los pocos estudios argentinos de efectos visuales que acompaña todos los pasos de una película, ayudando a los demás departamentos a prepararla entre todos. Además nos gusta estar presentes en el rodaje porque, como dicen en EE.UU., “shit happens”, y aunque algunos digan “después se arregla en postproducción”, no todo se arregla. Por ejemplo, se necesitaba una locomotora de época. Fuimos con los de Arte y los de Producción a un museo. Alquilarla, pagar el seguro y el mantenimiento, llevarla al lugar de rodaje y devolverla, era un dineral. Y bien, la “dibujamos” delante de un convoy de veras, y ese mismo día probamos si todo estaba en orden.

P.: Ustedes llamaron la atención con la antológica escena de la cancha en “El secreto de sus ojos”.

M.G.: Esa película nos marcó un antes y un después. Con su difusión internacional nos han llamado de muchísimos lados para “llenar estadios”, como en la panameña “Manos de Piedra”, también de Jakubowicz. El empezó en Venezuela, pero después de hacer “Secuestro Express” empezó a recibir amenazas y tuvo que irse. En “Manos...” reunió a Edgar Ramírez, Robert De Niro, Ana de Armas, el director de producción era un argentino afincado en Los Angeles, que tenía como asistente a un alemán, el peluquero era español, las maquilladoras americanas, venían de hacer “Dumbo”, todos capacitando a los panameños.

R.T.: También fuimos a Malasia, por una película de fútbol, “Olabola”. Lógicamente, no hacíamos solo eso. Entre otras cosas se necesitaba que todo un equipo de jugadores subiera a un helicóptero militar, pero el Ejército se negó, entonces hicimos que los jugadores, de a uno en fondo, fueran subiendo a una tarima y después borramos la tarima y aparecen subiendo a un helicóptero.

P.: Como dijo Vincente Minnelli refutando a Godard: “El cine es la mentira 24 veces por segundo”.

R.T.: En “El cuento de las comadrejas” hicimos la comadreja del comienzo, el accidente de auto, los fondos del jardín de una locación de Brandsen como si pertenecieran a una de Villa Devoto, y, entre otras cosas, las carambolas del juego de billar. Los actores tenían marcado adónde apuntar con los tacos. Luego sacamos las marcas y las reemplazamos por bolas virtuales, calculando cómo cada una es golpeada y rueda patinando sobre el paño. Siempre, siguiendo las indicaciones de un profesor de pool. En cada película tenemos desafíos como ese y lo gracioso es que el truco debe pasar inadvertido.

M.G.: Sea cine o televisión, casi todo tiene efectos. Hacerlos bien depende del talento, el tiempo y el presupuesto.

R.T.: Por eso tratamos de tomar trabajos que puedan hacerse con tiempo, dedicación y amor. Como “The Vast of Night”, una película de ciencia ficción ambientada en los ’50, donde pudimos tomarnos cuatro meses para hacer perfectamente un plano secuencia de más de seis minutos enganchando tres locaciones, algo muchísimo más complejo de lo que hicimos para “El secreto de sus ojos”.

M.G.: Todo filmado en Whitney, un pueblito muy chiquito de Texas, de gente hospitalaria, que ayudaba de corazón, como una señora septuagenaria que nos llevó a un tour por su casona de madera, diciendo cosas como “acá murió fulano en un ritual diabólico”, previo a una barbacoa. Un rodaje muy divertido, y lo loco es que toda la película se hizo con solo 700.000 dólares, lo que en EE.UU., cuanto mucho, da para un cortometraje auspicioso. Allá una producción independiente arranca de tres millones. ¡Y en el Festival de Toronto fue furor!

P.: ¿Quién es el director?

M.G.: Se llama Andrew Patterson, un tipo encantador, que nos brindó una confianza ciega. Escuchaba a todos, se apoyaba en cada cabeza de equipo, muy autodidacta, que ve cine de todo el mundo, por eso nos llamó. Y es de Oklahoma. Que alguien de Oklahoma vea cine argentino, y aprecie que aquí hay gente que hace bien las cosas, no es nada común.

P.: Por lo que cuentan, este Patterson tampoco es nada común. ¿Qué hizo antes de esta película?

R.T.: ¡Registraba partidos de basquet! Esta es su opera prima. En un año, pasó de trabajar para los clubes de basquet a ser el niño mimado de Amazon, y estar representado por una de las principales agencias de EE.UU.

P.: ¿Qué estaban haciendo hasta que llegó la cuarentena?

M.G.: Una serie hispano-chilena, “Inés del alma mía”, sobre la novela de Isabel Allende, y con un proyecto propio que vamos cocinando despacio. En cada producción tenemos una decena de jóvenes contratados. Nos gusta darles un lugar para irse formando. Un pasante nos dijo hace poco que en una semana con nosotros aprendió más que en cinco meses mirando tutoriales por Youtube.

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