11 de noviembre 2005 - 00:00

Protagonista de la torpeza guerrillera

«Paco Urondo, la palabra justa» ( Argentina, 2005, habl. en español). Guión y dir.: D. Desaloms. Documental.

Pocos documentales sobre la torpeza criminal de la guerrilla puede haber tan fuertes como éste. No por lo que muestra, ya que básicamente sólo vemos gente hablando de cosas pasadas, sino por la sensación de sacrificio inútil que provoca. A destacar, «H.G.O», sobre el final terrible de Héctor Germán Oesterheld, sus hijas y yernos, «Montoneros, una historia», sobre una pareja de militantes, «Los caminos perdidos», sobre otra pareja, pero con ramificaciones absorbentes, y «Papá Iván», donde la argen-mex María Inés Roqué investiga la muerte de su padre a tiro limpio, y se pregunta el para qué de tanto arrojo. Miembros de las fuerzas de seguridad intervinientes dejaron constancia de su valentía, pero lo importante para ella es que se quedó huérfana.

Tiene sus similitudes el trabajo que ahora vemos, sobre la vida del periodista y poeta montonero Francisco Urondo, y el modo en que su propia organización lo envió a la muerte. «No me manden a Mendoza, ahí todos me conocen», pidió. Y ahí lo mandaron. Murió en su ley, a los tiros, inútilmente. También su joven mujer cayó ese día, y la hija se salvó sólo porque un vecino que estaba justo ahí alcanzó a agarrarla.

El trabajo tiene muy buena investigación, narración precisa, ritmo en alza, atento registro de los tiempos (casi cuatro décadas de vida nacional, tres matrimonios, hijos, etc.), meticulosa pintura de una generación nihilista, fuerte crítica a la guerrilla peronista, y un emotivo, y a la vez contenido, punto alto en la breve y pudorosa escena del reencuentro de la hija ya grande con el vecino ya viejo (que planta un arbolito junto a la acequia donde cayó el poeta). Cada tanto, dos artistas recitan fragmentos de sus obras, bien representativos.

Y lo más flojo: solo dos personajes, Horacio Verbitsky y Miguel Bonasso, ofrecen principal testimonio, y no son del todo fiables, en especial el último que parece reírse todo el tiempo, y nadie sabe de qué, ni por qué habla en tercera persona del plural, descargando en otros toda la entera responsabilidad de lo vivido. La Historia dirá después lo que queda en los libros. Lo que dicen la hermana que se ha quedado sola, o los hijos que crecieron sin padres, es otra cosa.

P.S.

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