28 de mayo 2003 - 00:00

Puesta y actuaciones dan vuelo al provocador Tabori

Puesta y actuaciones dan vuelo al provocador Tabori
«Las variaciones Goldberg», de George Tabori. Dir.: R. Villanueva. Esc.: O. Puppo. Vest.: Suárez. Mús.: O. Edelstein. Il.: J. Pastorino. Int.: A. Alcón, F. Vena, M. Ballesteros, V. Piaggio y elenco. (Teatro San Martín.)

Antes de fundar el teatro El Círculo de Viena, George Tabori, autor de «Las variaciones Godberg» (y «Mein Kampf», estrenada en nuestro país), trabajó como libretista para Alfred Hitchcock, Joseph Losey y Anatole Litvak entre otros y su primera obra: «La huída a Egipto», fue estrenada por Elia Kazan.

Nacido en el seno de una familia judía, Tabori se vio obligado a exiliarse de su patria con el advenimiento del nazismo, radicándose en Londres, donde trabajó como periodista y se enroló en el servicio secreto inglés.

Para Tabori, «el juego y la broma de la desesperación, porque el hombre, frente a su fragilidad y su temor a la muerte, es más sensible a la risa que a los gritos de dolor. Tenemos necesidad de reír, frente a nuestra inmadurez, nuestro destino trágico y nuestro sentido canibalesco del mundo».

En «Las variaciones Goldberg», construye una parodia en la cual un director teatral, se propone recrear el mundo en el espacio de la escena, tomando distintos episodios de la Biblia.

En la pieza, el director el rol de Dios y su ayudante, Goldberg y de Jesús.

Nada se salva de la burla del autor, la pieza puede resultar desagradable y hasta ofensiva, porque
Tabori no rehúye la vulgaridad y él mismo define su estilo como de humor negro. Y se declara un provocador.

En manos de
Roberto Villanueva, la pieza cobra vuelo. Con lúdico criterio, el director soslaya lo más ofensivo y se apoya en la belleza de algunos momentos. Su puesta es rica, rigurosa, original y sensible. Hubo hecho hincapié en los momentos más conmovedores, evitando todo facilismo y sin buscar la risa. Ha solucionado de manera impecable las dificultades que presentan los cambios y logrado que el material a veces disperso, se integre en un todo y fluya a un ritmo que evita caer en el aburrimiento.

Otro punto a favor es la espléndida escenografía de
Oria Puppo que por momentos, cuando descienden las imágenes de grandes pintores, llenan de belleza la escena. Es excelente la iluminación de Jorge Pastorino y adecuado el vestuario de Julio Suárez.

En la interpretación y por el peso de sus papeles se destacan Alfredo Alcón y Fabián Vena, como el mesiánico director y sus asistente. Alcon, como Mr. Jay varía desde la soberbia y la vanidad extremas, hasta el emocionante monólogo final que interpreta de modo conmovedor.

Fabián Vena
es un prodigio de mesura, humildad, sinceridad y frescura. Es imposible dejar de conmoverse con él. En su trabajo, se combinan la inteligencia y la espontaneidad. Es un placer verlo. Es interesante la composición de Marita Ballesteros y sugestiva la intervención de Verónica Piaggio.

El resto del elenco se desempeña con disciplina.

El resultado es un espectáculo de muy buen nivel, en el que la dirección, las actuaciones y los rubros técnicos acrecientan los valores del texto.

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