28 de mayo 2003 - 00:00
Puesta y actuaciones dan vuelo al provocador Tabori
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Nada se salva de la burla del autor, la pieza puede resultar desagradable y hasta ofensiva, porque Tabori no rehúye la vulgaridad y él mismo define su estilo como de humor negro. Y se declara un provocador.
En manos de Roberto Villanueva, la pieza cobra vuelo. Con lúdico criterio, el director soslaya lo más ofensivo y se apoya en la belleza de algunos momentos. Su puesta es rica, rigurosa, original y sensible. Hubo hecho hincapié en los momentos más conmovedores, evitando todo facilismo y sin buscar la risa. Ha solucionado de manera impecable las dificultades que presentan los cambios y logrado que el material a veces disperso, se integre en un todo y fluya a un ritmo que evita caer en el aburrimiento.
Otro punto a favor es la espléndida escenografía de Oria Puppo que por momentos, cuando descienden las imágenes de grandes pintores, llenan de belleza la escena. Es excelente la iluminación de Jorge Pastorino y adecuado el vestuario de Julio Suárez.
En la interpretación y por el peso de sus papeles se destacan Alfredo Alcón y Fabián Vena, como el mesiánico director y sus asistente. Alcon, como Mr. Jay varía desde la soberbia y la vanidad extremas, hasta el emocionante monólogo final que interpreta de modo conmovedor.
Fabián Vena es un prodigio de mesura, humildad, sinceridad y frescura. Es imposible dejar de conmoverse con él. En su trabajo, se combinan la inteligencia y la espontaneidad. Es un placer verlo. Es interesante la composición de Marita Ballesteros y sugestiva la intervención de Verónica Piaggio.
El resto del elenco se desempeña con disciplina.
El resultado es un espectáculo de muy buen nivel, en el que la dirección, las actuaciones y los rubros técnicos acrecientan los valores del texto.


