28 de septiembre 2005 - 00:00

¿Qué hubiera ocurrido si un filonazi gobernaba EE.UU.?

Philip Roth, que desde hace más de una década es candidatoal Premio Nobel de literatura, ha acentuado en sus últimasnovelas una actitud innovadora y provocativa.
Philip Roth, que desde hace más de una década es candidato al Premio Nobel de literatura, ha acentuado en sus últimas novelas una actitud innovadora y provocativa.
"La conjura contra América", obra con la que el año pasado Philip Roth sacudió al mundo literario americano, acaba de aparecer en España. El eterno candidato al premio Nobel se lanza con un relato familiar de historia-ficción sobre qué hubiera ocurrido si en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Roosevelt hubiese sido derrotado en las urnas por Charles Lindbergh, héroe de la aviación, filonazi y aislacionista que firma un pacto de no agresión con Hitler.

Periodista:
En «La conjura contra América» describe una versión alternativa del curso de la historia, Roosevelt no sale reelegido en 1940 y el nuevo presidente es Charles Lindbergh, un antisemita declarado. ¿En el verdadero Estados Unidos no hubo nunca el menor rastro de ese antisemitismo latente y finalmente manifiesto que describe en su libro?

Philip Roth: Por supuesto que había antisemitismo en Estados Unidos. Los años 30 fueron una mala época para los judíos en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, en Estados Unidos no llegó a repetirse lo que sucedió en Europa. Ése es el asunto que más me interesaba mientras escribía esta novela: que aquí no hubiera ocurrido una canómicatástrofe. La racha de suerte con que la historia obsequió a los judíos en este país. Y ahora comenzó la segunda oleada de suerte: se abrió las puertas a hispanos y a asiáticos, y los judíos dejaron de ser considerados una minoría. La mayoría de los americanos menores de 40 años no son capaces de identificar como tal un nombre judío. Los judíos somos ahora uno de tantos. ¿Puede imaginarse la dicha que eso representa? A los judíos les gusta EE.UU. y la democracia americana, y a la democracia americana le gustan los judíos.


P.:
¿El nazismo fue un fenómeno alemán y, entre otras cosas, ése es el motivo por lo que no pudo arraigar en Estados Unidos?

P.R.: Permítame simplificar un poco la cuestión: si el nazismo no cuajó en Estados Unidos, con todas las consecuencias que eso habría acarreado para los judíos, fue porque en 1932 salió elegido presidente Roosevelt y no Hoover. Si los republicanos hubiesen ganado las elecciones de 1932 no habrían hecho nada para atajar la crisis ecoy ésta habría empeoradoaún más. Se habría producido una sublevación y el ejército la habría reprimido rápidamente con derramamiento de sangre.Y es posible que eso hubiera abierto las puertas a la imposición de la ley marcial y a la implantación de un régimen totalitario. Lo que no sé es si ése habría sido o no un régimen antisemita. Desde luego, Hoover no era un fascista. Pero creo que los sectores antisemitas de la población se habrían unido a la dictadura y quizá hubieran obtenido alguna recompensa a cambio. Pero esto es mucho especular y para eso ya está mi novela.


P.:
En su novela los judíos son víctimas de la represión bajo Lindbergh. Pero, los protagonistas judíos de sus primeras novelas intentaban escapar al destino judío de convertirse en víctimas. ¿Qué sintió al probar esta nueva variante?

P.R.: La condición de víctima de los judíos nunca ha sido un elemento integrante de mi escritura, jamás se ha convertido en una obsesión personal. Así que me dije: «¿Qué demonios estás haciendo? Es lo último sobre lo que te gustaría escribir». Al final transigí. Pensé: «Limítate a hacerlo y a ver qué pasa». Concentré todos mis esfuerzos en presentar todo de la manera más realista posible. Uno de mis objetivos al escribir fue ser tan fiel a la verdad como fuera posible. A excepción, claro, de la ficción central de convertir a Lindbergh en presidente.


P.:
Las trabas que afrontan sus personajes en la novela parecen más inofensivas que la persecución de judíos en Alemania.

P.R.: Tenía que dar con la justa medida. No quería campos de concentración. Quería idear una versión estadounidense, en la que también hubiera lugar para la sonrisa. Quería que no estuviese nada claro si las acciones del gobierno de Lindbergh formaban parte de una persecución planificada de los judíos o no. Sandy, el hermano de Philip, es enviado a Kentucky a pasar las vacaciones con una familia de granjeros cristianos en el marco de un programa de actividades del Gobierno. Regresa sano y salvo, se ha divertido, ha comido cerdo y lo trataron bien: ¿qué hay de antisemita en eso? El padre insiste, pero Sandy le tacha de paranoico. Quería describir la inseguridad que siente un judío en semejante situación. Estoy seguro de que no existe un solo judío inteligente en todo el mundo que no se haya visto inmerso en una situación como esa alguna vez y no haya pensado: «Eso esconde una actitud antisemita», para luego llegar a una conclusión distinta: «No, no y no, ha sido una reacción exagerada por mi parte, no debería ser tan susceptible».


P.:
¿Por qué Lindbergh no dejó de ser un héroe para los estadounidenses a pesar de su antisemitismo?

P.R.: Los únicos que se escandalizaron por el antisemitismo de Lindbergh fueron los judíos. Por eso aún se le considera un héroe aquí.Y no pretendo cambiar esa actitud con mi libro, que es pura especulación. Bajo el gobierno de mi presidente Lindbergh tampoco hay fascismo. Su Estados Unidos es una democracia de derecha que firma un tratado de paz con Alemania para mantener al país al margen de la guerra que se libra en Europa. Me cuidé mucho de convertir a Lindbergh en un fascista.


P.:
¿Por qué desaparece Lindbergh al final de la novela?

P.R.: Me gustaban las posibilidades narrativas que surgían sí Lindbergh se perdía junto con su avión: su desaparición da pie a conjeturas delirantes. Yo he vivido el asesinato de Kennedy y sé lo que ocurre tras la muerte repentina de un personaje importante. Es un momento en el que todo es posible, en el que un país es capaz de seguir los derroteros más dispares. En mi novela se responsabiliza a los judíos de la desaparición de Lindbergh. Burton Wheeler se convierte en presidente e implanta la ley marcial y los antisemitas se sienten libres para hacer lo que siempre les ha gustado hacer. Surge una teoría sobre una supuesta conspiración que acaba teniendo consecuencias fatales. Por si todavía no lo sabíamos, el 11 de Septiembre dejó bien claro que cuando se producen grandes acontecimientos trágicos empiezan a circular miles de teorías sobre conspiraciones.

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