Daniel Quinn «A.D. El año que cambió el mundo» (Bs.As., Emecé, 2002, 386 págs.)
Desde que publicó «Ismael» -la historia de un joven desesperado que encuentra su maestro ideal en un gorila con extraordinarias dotes de gurú- Daniel Quinn se convirtió en un referente insoslayable para todos aquellos interesados en temas que, aún siendo un misterio para la ciencia, están estrechamente ligados a los problemas éticos de la humanidad y a su futuro en la tierra. «A.D. El año que cambió el mundo» no es la excepción.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La novela comienza con el apasionante racconto de dos casos de reencarnación (el primero de ellos, lejanamente emparentado con un episodio real ocurrido en Illinois, en 1865). •Interés
Con un lenguaje llano y coloquial y teniendo por narrador a uno de los protagonistas de la novela, la historia captura de inmediato al lector con sus desconcertantes datos sobre el tema. Pero, el caso que involucra a Jason Trull, hijo de un multimillonario y experto en reencarnación, conducirá la trama hacia cuestiones más ligadas al revisionismo histórico que poco tienen que ver con la transmigración de almas. Quinn se permite cambiar ligeramente el curso de la historia e imaginar un mundo muy parecido al nuestro, pero que también evoca a las sociedades totalitarias imaginadas por Ray Bradbury («Fahrenheit 451») o George Orwell («1984»).
La bella Mallory Hastings entra en coma luego de un accidente automovilístico. Cuando despierta, descubre que ese cuerpo le es ajeno, ya que tantos sus recuerdos como su personalidad responden a los de Gloria Mac Arthur, una pintora del expresionismo abstracto, muerta hace mucho tiempo atrás. Trull se enamora de ella y la ayuda a aceptar su nueva realidad, pero al rastrear el pasado de la joven queda en evidencia que el mundo que ellos conocen es producto del triunfo de Hitler y de su política de exterminio, que se ha llevado a cabo en todo el mundo. Al extremo de que la siglas «A.D.» -que se anticipan en el título-ya no aluden a la indicación Anno domini que marca nuestra era, sino a la expresión «after Dachau», donde murieron miles de judíos. Tras conocer las experiencias de su valiente novia en una antiquísima New York que eliminó a toda su población negra, Jason decide luchar junto a ella por un mundo mejor.
En cuanto aventura retrofuturista la novela entretiene, pero resulta algo solemne y pretenciosa como alegoría política. Mal que le pese al autor -quien jura no creer en el tema-las mejores páginas de la novela son aquellas que se centran, precisamente, en el fenómeno de la reencarnación.
Dejá tu comentario