7 de mayo 2002 - 00:00

"Retazos" agrada por su buen mensaje y sus sólidas actrices

«Retazos», de B. Mosquera. Dir.: P. Palmer. Int.: C. Speroni y L. Capello. («El ombligo de la luna».)

"Retazos", de Beatriz Mosquera, narra la historia de Adela y Rosa, dos mujeres que comparten una realidad chata y sencilla que parece destinada a perpetuarse. Pero la irrupción en un sueño de Adela de su abuela muy querida pone en movimiento un mecanismo que trastorna sus vidas. Un imprevisto éxito económico, logrado a fuerza de trabajo, que degenera después en un negocio no muy limpio, altera sus existencias.

Adela
, más fuerte y con mayor conciencia de sí misma, continúa fiel a sus valores. Lo que le sucede es un accidente que no distorsiona su esencia. Ella es capaz de seguir a su conciencia, porque aunque simple y sencilla, tiene seguridad y un innato sentido de la verdad. Traicionada por su marido, despojada de su hijo, tiene sin embargo, una meta interior que responde a valores que nada puede alterar. Por eso es capaz de recapacitar, volverse contra una fortuna que es sólo una trampa y retornar a sus íntimas convicciones, intacta y serena, aunque triste. Después de haber probado una vida de holgura, sabe sin embargo, que el sentido de la existencia no pasa por las cosas materiales, sino por la paz interior que proviene de la armonía de ser fiel a sí misma.

Rosa
, en cambio, se siente frustrada y cree que la vida no le ha dado todo lo que ella cree merecer. El éxito se le sube a la cabeza, sueña con un nuevo amor, quiere modificar su imagen, recuperar una juventud irremediablemente perdida, en fin, tomarse la revancha. Y en ese camino va perdiendo lo mejor de sí misma.

Finalmente es la amistad que une a las dos mujeres lo que prevalece. Y juntas, deciden empezar de nuevo. Rescatando el valor del trabajo y la solidaridad.

•Protagonistas

Bien construida, la pieza es sencilla y positiva y se apoya especialmente en el preciso diseño del carácter de las dos protagonistas. Patricia Palmer lo ha entendido así y ha privilegiado el trabajo actoral, logrando reflejar el vínculo que une a los personajes. La comprensión y los enfrentamientos que jalonan los tramos de una relación que atraviesa momentos de prueba, han sido bien delineados y algunas escenas irradian auténtica emoción. Especialmente aquellas en las que Lucrecia Capello renuncia al facilismo de una composición exterior, para entregarse a un patetismo que hace querible al personaje. Lo exterior de la composición es acentuado por un vestuario que recalca aristas casi caricaturescas, que no la favorecen. Pero es una actriz dotada de un fuerte temperamento y su labor es efectiva.

Catalina Speroni
, en cambio, bucea en el interior de su personaje y su trabajo es más profundo y menos esquemático. Dibuja con precisión el carácter del personaje más noble de la pieza, que a pesar de su aparente mansedumbre, resulta a la postre la más fuerte y la más luchadora. Capaz, en fin, de contener a su amiga y ayudarla a comenzar de nuevo.

La escenografía resulta innecesaria, lo mismo que algunas vulgaridades prescindibles, más propias de algunos productos televisivos, que son, previsiblemente, muy festejadas.

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