9 de junio 2008 - 00:00
Rosario afirma su espacio de vanguardia
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Un espacio de ".sólo una idea devoradora", del español Eugenio Ampudia, exhibición que
llegó directamente al Macro de Rosario sin pasar por Buenos Aires.
A cargo de la Galería de Arte del Centro Cultural Parque España, el director, Martín Prieto, nombró a la artista Lila Siegrist que, lejos de abandonar su propia producción, acaba de presentar «Bleff» una excelente muestra de fotografías en el Centro Cultural Rojas. También Herrera despliega una doble actividad, ya que en estos días exhibe «Bodegones peruanos», una serie de fotografías donde parodia las naturalezas muertas del Barroco, en la galería Zavaleta Lab.
Si bien las gestiones de los artistas no se encuadran en el profesionalismo que tanto defienden los anglosajones, lo cierto es que se las han ingeniado para llevan adelante una planificada política de exhibiciones del mejor nivel, con buenos montajes, catálogos y criterios curatoriales. En suma, Rosario es una zona donde se escucha a los artistas, donde se percibe una cierta distribución del poder.
Justamente, «.sólo una idea devoradora» de Ampudia es una muestra cargada de ironías acerca del sistema del arte y el papel que cumplen los artistas, críticos, espectadores, museos y galerías. En la inmensa fotografía que abre la exposición se divisa una enigmática frase escrita sobre un muro de caramelos, donde dice: «Armad a los artistas». El artista demuestra así que tiene el poder de decir lo que quiere, y que el público puede aceptarlo o rechazarlo e, inclusive, ignorar ese mensaje.
A partir de esta propuesta, con todos los recursos de las nuevas tecnologías, y una buena dosis de humor, la muestra comienza a movilizar los sentidos del espectador, que frente a una imagen de Picasso y a través de un mouse, puede hacerlo respirar y mover los ojos en distintas direcciones. «Todos hemos mirado lo que hacía y cómo lo hacía, ahora es Picasso el que te mira a ti,» aclara Ampudia. En medio de esta serie de los «Espectros» encarna, en medio de la bruma, el fantasma de Joseph Beuys, el «Chamán» del arte.
Luego, acaso con el fin de representar la competitividad y las eternas luchas por el poder y la gloria de los creadores, en las grandes pantallas de una video-instalación presenta «En juego», un feroz partido de fútbol donde ha suplantado la pelota por el último libro del incisivo crítico del «Time», Robert Hughes. En otra pantalla, como si se burlara de la velocidad con que los visitantes de lo museos suelen ver las obras, muestra una vertiginosa carrera en motocicleta por el Prado.
La muestra también habla de la pasión que enciende el arte, y de la comunicación que se establece entre la obra y el espectador. En una video-instalación hay una pequeña llamita que chisporrotea hasta convertirse en una inmensa fogata que ocupa toda la pantalla y que atrae, poderosa, la mirada del espectador.
La obra que marca el fin de la exposición es poética y deja un resabio melancólico. Lleva el título del célebre cuadro «Impression, soleil, levant» de Claude Monet, que dio su nombre al movimiento impresionista. Se trata de la proyección de una playa que se continúa en la sala cuando el espectador hunde sus pies en la arena, y observa cómo la marea lleva hasta la orilla el «Almuerzo campestre» de Manet, y cómo arrastra «El origen del mundo» de Courbet y «La habitación de Arlés» de Van Gogh, entre otras pinturas que cambiaron la historia del arte. Son las obras que «flotan» en la memoria de los artistas y que a través del tiempo continúan retroalimentando la creación.



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