Rostropovich, un genio pero algo cansado

Espectáculos

Mstislav Rostropovich con la Camerata Bariloche. Obras de Mozart, Rossini, Vivaldi, Dohnányi y Haydn. (5/ 6, Teatro Colón, Mozarteum Argentino).

L a presencia en el escenario de la mejor orquesta de cámara argentina, con 35 años de trayectoria, uniendo su labor a una de las personalidades más descollantes de la música, Mstislav Rostropovich, prometía una noche memorable. El gran cellista ruso fue recibido con una atronadora ovación apenas asomó en el escenario; se premiaba con ese gesto una vida dedicada a mejorar la vida, desde su instrumento, desde el piano, con su compromiso político y su labor permanente por el pacifismo, dirigiendo orquestas, jugando al ajedrez, escondiendo a Solyetnizin o haciendo colecta para nuestro Hospital de Niños. Vale decir, que es trascendente ver a Rostropovich hacer lo que sea.

Sin embargo, lo primero se advirtió fue que el instrumento no era el que utiliza habitualmente, por lo tanto fueron evidentes algunas afinaciones erráticas, y los sonidos armónicos generalmente claros y bellos no tuvieron la nitidez a las que el gran músico nos tiene acostumbrados.

Al Concierto de Vivaldi le faltan notas para que el artista despliegue su intensa personalidad; ya en el Concierto de Haydn reapareció el músico que transmite, y que logra hacer que esa obra galante resulte más interesante de lo que es; afortunadamente tocó la «cadenza» que le dedicó Benjamín Britten, un verdadero «pezzo» de virtuosismo que enriquece al concierto.

El cansancio de
Rostropovich era evidente; el sábado se lo vio por televisión tocando en el Palacio de Buckingham para el jubileo de la Reina de Inglaterra, o sea que hizo un viaje muy largo y agotador. No obstante lo superó, y ante los insistentes pedidos del público ofreció una memorable y emocionante «Sarabanda» de una de las Suites de Johann Sebastian Bach, ese momento hizo olvidar las flaquezas en las obras anteriores, y quedará atesorado entre los mejores recuerdos.

La
Camerata Bariloche presentó obras nuevas que incorporan a su ya amplio repertorio; el Adagio y fuga en Do Menor, K. 546 de Mozart fue ejecutado con más rigor que con soltura. La Sonata N° 3 en Do Mayor de Rossini permitió el lucimiento del contrabajista Oscar Carnero y la fila de segundos violines. También presentaron la Serenata Op. 10 en Do Mayor de Dohnányi, obra de grandes proporciones a la que le faltan algunos ajustes y profundizarla hasta encontrarle el carácter.

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