"SABIDURÍA GARANTIZADA"

Espectáculos

«Sabiduría garantizada» («Erleuchtung Garantiert», Alemania, 1999, habl. en alemán y japonés) Guión y dir.: D. Dörrie; Int.: U. Ochsenknecht, G. P. Wöhler, P. Zieser, U. Kriener, Imaseki.

Dos típicos alemanes (uno en crisis conyugal, otro más tipo new age, experto en feng shui, ambos deplorables), hermanos entre sí, viajan hasta Japón, buscando la luz en el retiro espiritual de un monasterio budista. Doris Dörrie les toma un poco el pelo, y hábilmente entremezcla sonrisas e inquietudes. La broma se estira un poco, pero más de uno sale del cine envuelto en una pequeña paz interior, o al menos baja un poco los decibeles.
 
Conviene aclarar esto. Según dicen, el principio fundamental del budismo es
«un vacío inmenso. Un cielo claro en el que no se distinguen los iluminados de los ignorantes. El mundo tal y como es». Así se lo explicó un misionero hindú al emperador chino, y como el otro lo largó parado, el monje «entendió que no había llegado la hora de difundir el zen en China y se retiró a un templo, donde estuvo meditando nueve años seguidos frente a un muro». En nueve minutos, otros se darían la cabeza contra el muro.

Coherentemente, acá puede pasar lo mismo, y en vez de paz interior alguno apenas alcanzará a distraerse.

En un principio, la misma
Doris Dörrie intentó con esta película simplemente despejarse un poco, después del esfuerzo que le llevó hacer su obra coral «¿Soy linda?», con multitud de artistas, historias entrecruzadas, y locaciones en distintos países (y cargando, además, el duelo por la muerte de su esposo). Por eso, en vez de un gran equipo, armó un grupo mínimo, con dos cámaras que cabían en la palma de la mano, unos pocos actores, diálogos a improvisar, y, como protagonistas, dos tipos medio pelmazos, en vez de sus heroínas habituales, esas criaturas tan frágiles y peligrosas de «En la mitad del corazón» o «Nadie me quiere».

Personajes

También eran dos pelmazos los personajes de su primer éxito mundial, «Hombres» (uno de ellos, fiera venganza la del tiempo, es, precisamente, el «lindo» de esa película). Bueno, por esas cosas de la globalización, ahora sus hombres hacen el ridículo no solo en Munich, sino también en Tokio y alrededores, y encima que no entienden a las mujeres, tampoco entienden a los japoneses, ni a los monjes, ni a ellos mismos.

Dörrie
se burla de ellos, y también se compadece. De paso, se prueba a sí misma, en lo del equipo, y en algo más difícil: donde colocar las partes cómicas, en busca de ese equilibrio, y esa paz, que cada uno de nosotros anhela. El resultado no siempre satisface, pero, inteligente como es, siempre será más lindo meditar frente a una comedia suya, que frente a una pared china.

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