25 de noviembre 2004 - 00:00
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Mauricio Wainrot, director del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín: «Sé que me han criticado, pero un cuerpo de baile necesita una disciplina muy férrea para lograr la excelencia».
Periodista: El nuevo programa tiene obras muy diversas.
Mauricio Wainrot: Sí, pero tienen en común un mismo espíritu. A mí me encantan las obras donde se aprecia un trabajo grupal muy fuerte. La primera es el famoso «Bolero» de Ravel reinterpretado de una manera muy personal por el coreógrafo francés Marc Ribaud, director del Ballet de la Opera de Niza. Le sigue «Looking Through Glass», una obra que quiero mucho y que fue con la que me inicié como director de esta compañía. La creé en 1998 para el Ballet Real de Bélgica y tiene música de Phillip Glass. Es la obra más compleja del programa por sus movimientos grupales. La tercer obra es «Stetl» (que en iddish quiere decir pueblo), de Richard Wherlock, un coreógrafo inglés de gran renombre en Europa y actual director del Ballet de Basilea, en Suiza. Está hecha con canciones del folklore judío y música klezmer. Es una obra de mucha espiritualidad, lirismo, pasión y cierto sentido del humor.
P.: ¿Resulta muy costoso traer coreógrafos extranjeros?
M.W.: En este momento las cuestiones económicas pesan mucho. En mis tres primeros años al frente del Ballet del San Martín tuve mayor libertad para elegir coreógrafos y estilos, ahora es mucho más difícil. Pero gracias a Dios cuento con el apoyo del British Council y otras embajadas como la de Holanda que me permiten seguir trayendo artistas de renombre que le hacen muy bien a la compañía, al público y al Teatro San Martín.
P.: Pero esto lo condiciona a elegir a artistas de una determinada nacionalidad.
M.W.: En este caso, estando el British Council de por medio, lógicamente teníamos que traer a un coreógrafo inglés. Como se imaginará, no todos los coreógrafos ingleses me interesan, así que primero tuve que encontrar uno que me atrajera, que tuviera una obra interesante y que además ésta congeniara con el estilo de este programa.Yo armo los programas desde lo musical, me preocupo por lo que va a escuchar la gente como pasó en «Travesías», mi último estreno, una obra en la que utilicé música de todas partes del mundo.
P.: Usted estuvo trabajando fuera del país durante 14 años ¿Qué panorama encontró a su regreso?
M.W.: Me encontré con muy buenos bailarines jóvenes, para los cuales me interesó realizar nuevas coreografías. No quiero que repitan solamente las obras que hice para otros ballets. Así que para el año que viene haré una «Medea», de aproximadamente una hora y media de duración, que va a tener una fuerte connotación argentina. Medea es una exiliada y a la vez una madre que termina matando a sus hijos y yo a veces siento que la Argentina ha sido una mala madre. Pienso en todos los argentinos que nos tuvimos que ir por distintas razones o en la relación tan dolorosa que tenemos con nuestro país. Para mí Medea es el exilio y la muerte, pero no solamente una muerte física, sino también espiritual y artística, porque hay distintas maneras de matar el crecimiento. Hace tiempo que no hago una obra teatral, una obra con historia como «Un tranvía llamado deseo».
Entrevista de Patricia Espinosa


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