16 de noviembre 2004 - 00:00

Saramago: "Aún no sé si este Congreso será útil"

El Premio Nobel portugués José Saramago ayer con su esposa, Pilar del Río, durante la reunión de prensa en Buenos Aires.
El Premio Nobel portugués José Saramago ayer con su esposa, Pilar del Río, durante la reunión de prensa en Buenos Aires.
"El Congreso de la Lengua es para lingüistas y académicos, y yo soy sólo un simple escritor. Habrá que esperar el cierre para conocer los resultados, y para saber si ha servido para algo o no" dijo ayer en rueda de prensa el Premio Nobel José Saramago, apenas llegado al país, y a quien se considera una de las figuras más prominentes del cónclave que se inicia mañana en Rosario.

Sin embargo, el escritor aclaróa poco de empezar a hablar: «Yo no voy a participar activamente. Vine porque me siento honrado de estar en el homenaje a Ernesto Sabato, y porque además mi visita coincide con la presentación de mi último libro «Ensayo sobre la lucidez».

Saramago
, que no quiso hablar sobre la polémica que se suscitó semanas atrás cuando amenazó con no venir si no lo hacía García Márquez («ese es un tema superado», dijo secamente) se comparó, empleando el mismo eslogan del tábano que Natalio Botana puso al diario «Critica», con una «mosca cojonera que pica y pica los testículos del caballo y lo mantiene inquieto. Al sistema le vendría bien que yo me quedara en silencio».

Y agregó «siempre va a aparecer alguien para decir que los errores de ortografía no importan, que se burla del lenguaje cada vez más reducido y que va hacia la onomatopeya y los gruñidos. A mí me importa que la pobreza del vocabulario acabe por significar pobreza de sentimientos. Si se habla mal, si se lee mal, si se escribe mal, se piensa mal. Y, también, que se señale que el idioma puede ser un arma de dominación», y reclamó que en las escuelas se vuelva «a la lectura en voz alta, a que los chicos aprendan poesía de memoria, a entrar en la aventura del uso de los diccionarios. Yo a los 82 años los sigo usando, porque hay que enseñar a mantener la limpieza de las herramientas de la comunicación, como el obrero más sencillo lo hace con sus herramientas».

Algunos de los periodistas en la reunión lo condujeron al terreno más obvio, el de respuesta más previsible: le preguntaron por las recientes elecciones en los Estados Unidos. «Creció el fascismo», fue su primera réplica. «El primer mensaje de Bush a sus electores, los más conservadores y reaccionarios, fue que los dos faros de los Estados Unidos serán el patriotismo y la religión, es difícil encontrar de su parte una frontalidad mayor y constituye una confesión de fascismo». Y previó que en el futuro «Estados Unidos se enfrentará con China».

Junto a sus conocidas críticas al poder económico y a los Estados Unidos y sus «acostumbradas ingenuidades», el antiguo comunista Saramago, por momentos, fue más interesante cuando se definió, al igual que alguna vez Borges, como conservador y anarquista. «El trajinado concepto de la identidad me deja frío. Los políticos hacen un uso exagerado de ese concepto, hablan de la identidad de un pueblo. Yo no creo en la identidad de un pueblo, y voy más allá, no creo en los pueblos, creo en la generaciones. No me hablen de 'pueblo' porque me pongo nervioso».

• Cuba

El autor de «El Evangelio según Jesucristo» ratificó que, como hace un año cuando le dijo a Fidel Castro «hasta aquí he llegado», estaba a favor de los disidentes cubanos. «Insisto en mi desacuerdo total con lo que ha ocurrido en Cuba, fusilamientos y enviar cantidad de personas a la cárcel por el hecho de disentir. Disentir es un derecho fundamental». Pero necesitó diferenciar entre «personas honestas que no están de acuerdo con lo que política, ideológica y socialmente está ocurriendo en Cuba, que tienen derecho a disentir y manifestarlo», y «los que están al servicio de una potencia extranjera. El gobierno cubano debería tener la máxima prudencia de diferenciar entre unos y otros, lo que no me parece justo».

Saramago
, en otro momento, recurrió a un giro literario para sugerir su desconfianza hacia la democracia práctica: «La democracia no tiene ningún instrumento para controlar o impedir los abusos del poder económico, y si no puede al menos aminorar esos abusos, difícilmente merezca el nombre de democracia».

«La educación es lo propio de la familia y de la sociedad civil, no de la escuela»,
concluyó. «Cuando se dice que la escuela debe educar se comete un error, ya ni siquiera tiene tiempo para instruir medianamente bien. Educar es un deber de la familia y de la sociedad civil. Cuando la sociedad civil está mal educada, la familia está en crisis, en desintegración, se tiende a dar a la escuela ese papel. Hay que revisar los conceptos y hacer que la familia asuma la responsabilidad de educar, como lo ha hecho en el pasado. Recuerdo que una maestra castigó a un alumno y la madre fue a verla: ¿por qué castigó a mi hijo? La maestra se lo explicó. Y la madre le dijo: 'Es que mi hijo es problemático'. 'Mire, señora', le contestó la maestra, 'sí, su hijo es problemático, pero el problema es suyo'».

Máximo Soto

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