16 de noviembre 2004 - 00:00
Saramago: "Aún no sé si este Congreso será útil"
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El Premio Nobel portugués José Saramago ayer con su esposa, Pilar del Río, durante la reunión de prensa en Buenos Aires.
Saramago, que no quiso hablar sobre la polémica que se suscitó semanas atrás cuando amenazó con no venir si no lo hacía García Márquez («ese es un tema superado», dijo secamente) se comparó, empleando el mismo eslogan del tábano que Natalio Botana puso al diario «Critica», con una «mosca cojonera que pica y pica los testículos del caballo y lo mantiene inquieto. Al sistema le vendría bien que yo me quedara en silencio».
El autor de «El Evangelio según Jesucristo» ratificó que, como hace un año cuando le dijo a Fidel Castro «hasta aquí he llegado», estaba a favor de los disidentes cubanos. «Insisto en mi desacuerdo total con lo que ha ocurrido en Cuba, fusilamientos y enviar cantidad de personas a la cárcel por el hecho de disentir. Disentir es un derecho fundamental». Pero necesitó diferenciar entre «personas honestas que no están de acuerdo con lo que política, ideológica y socialmente está ocurriendo en Cuba, que tienen derecho a disentir y manifestarlo», y «los que están al servicio de una potencia extranjera. El gobierno cubano debería tener la máxima prudencia de diferenciar entre unos y otros, lo que no me parece justo».
Saramago, en otro momento, recurrió a un giro literario para sugerir su desconfianza hacia la democracia práctica: «La democracia no tiene ningún instrumento para controlar o impedir los abusos del poder económico, y si no puede al menos aminorar esos abusos, difícilmente merezca el nombre de democracia».
«La educación es lo propio de la familia y de la sociedad civil, no de la escuela», concluyó. «Cuando se dice que la escuela debe educar se comete un error, ya ni siquiera tiene tiempo para instruir medianamente bien. Educar es un deber de la familia y de la sociedad civil. Cuando la sociedad civil está mal educada, la familia está en crisis, en desintegración, se tiende a dar a la escuela ese papel. Hay que revisar los conceptos y hacer que la familia asuma la responsabilidad de educar, como lo ha hecho en el pasado. Recuerdo que una maestra castigó a un alumno y la madre fue a verla: ¿por qué castigó a mi hijo? La maestra se lo explicó. Y la madre le dijo: 'Es que mi hijo es problemático'. 'Mire, señora', le contestó la maestra, 'sí, su hijo es problemático, pero el problema es suyo'».
Máximo Soto




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