L a muerte del realizador John Schlesinger, ocurrida el pasado viernes, ha reflotado de inmediato tres viejos motivos hollywoodenses: la popular canción «Todos hablan», de su película «Perdidos en la noche», el suceso mismo de esta película, casi la primera donde Hollywood se animó a proponer héroes homosexuales, y el paulatino descenso del propio Schlesinger, que surgió como uno los jóvenes iracundos de la generación inglesa del '60, se alzó en 1969 con el Oscar al mejor director, y terminó siendo apenas un viejo artesano al servicio de figuras comerciales. En suma, lo que va de un cine renovador, de contenido y gran estilo, a otro meramente alimenticio, o, mas sintéticamente, lo que va de Julie Christie en sus comienzos a Madonna en su envase de plástico.
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Sorteando, sin embargo, ese detalle tan humano de la decadencia, hay mucho para apreciar en el cine de Schlesinger, y es una lástima que en este momento sea difícil conseguir sus mejores títulos en video. Los iniciales, de la etapa inglesa («Algo que parezca amor», «Algo de verdad», «Darling», «Lejos del mundanal ruido»), son crecientemente buenos, todos centrados en el malestar juvenil ante vagos sueños incumplidos, y todos muy bien actuados. A diferencia de sus compañeros, más atentos al efectismo de los montajes novedosos, Schlesinger, que había empezado como actor, privilegió siempre el diálogo y la interpretación. Por supuesto, tenía con quien lucirse: Tom Courtenay, Dick Bogarde, Julie Christie.
Hollywood le dio carta blanca, y así realizó «Perdidos en la noche», con Dustin Hoffman y John Voight, notable relato de amistad con ribetes homosexuales, que, pese a su calificación X, alcanzó el Oscar a mejor película, y también a mejor director y mejor adaptacion (Waldo Salt, que venia de figurar en las listas negras del macarthysmo). Igualmente notables, aunque menos atractivos para el público y la industria, fueron «Entre dos amores», con Peter Finch como un bisexual que se despide de Glenda Jackson, y la crítica al propio Hollywood «Como plaga de langosta». El resto ya se diluye entre algunas buenas películas de género, siempre con buen elenco («Maratón de la muerte», «Yanquis», «El halcón y el hombre de la nieve»), varios especiales de TV, y algunas concesiones finales, como «Una pareja casi perfecta», con Madonna en las que no vale la pena detenerse, salvo para llorar un poco. P. S.
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