La exhibición mantiene un tono enigmático del principio al fin, con una suerte de relato fragmentado que va desde la belleza de un cielo azul sobre el que se recorta la nítida imagen de un helicóptero, pasando por la imagen metafísica de una casa en la playa, hasta llegar al rigor de unas fotos de la ciudad de Caracas que muestran la polución y la aridez del cemento.
Es que se trata de una muestra donde se exaltan las sensaciones. El mejor ejemplo es
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