Se gana a Nicole Kidman en Internet y no sospecha

Espectáculos

«Ruleta rusa» («The Birthday Girl», EE.UU., 2001; habl. en inglés). Dir.: J. Butterworth. Guión: J. y T. Butterworth. Int.: N. Kidman, B. Chaplin, V. Cassel, M. Kassovitz y otros.


C ualquier hombre que pidiera una chica a través de Internet y le mandaran a Nicole Kidman sospecharía algo. Ben Chaplin no. En principio, y según lo que se propone el guión de «Ruleta rusa», tampoco el espectador debería desconfiar de esa transacción: para ello, la portentosa Nicole aparece bastante maltratada por el maquillaje y el vestuario. Se supone que es una de las tantas rusas que el sitio Fromrussiawithlove.com ofrece a los corazones solitarios que buscan una mujer on line, con «fines serios».

John, el personaje de Chaplin, tampoco parece haber leído nada de James H. Chase, quien nunca dejó de alertar a cualquier mortal ante la presencia de una rubia que superara el metro setenta de estatura. Chaplin, en la tipología de Chase, es el clásico «un ingenuo más». Hasta allí, la historia de los hermanos Butterworth transcurre dentro de las convenciones, pero con cierto interés y suspenso romántico. ¿Podrá comunicarse este inglés provincial, empleado de banco, con la atemorizante rusa que no habla ni una palabra de su idioma y fuma como una chimenea? Claro, tiene virtudes que ningún cultor de las prácticas sadomasoquistas dejaría de valorar.

Credulidad

No falta mucho para que la receta del viejo Chase salga a relucir: el día del cumpleaños de Nadia (Kidman), irrumpen en su casa dos rusos impertinentes, uno de los cuales sería el primo de ella. Ahora, hasta quien nunca haya leído a Chase podría ser engatusado. Chaplin sí. La credulidad de este personaje supera a la de Annie la huerfanita.

Sin embargo, no es el trámite de la historia, que lleva al pobre internauta y ejemplar empleado a saquear el banco donde trabaja, lo que falla en
«Ruleta rusa». A veces, un policial convencional es más seductor que el giro de originalidad al que ciertos guionistas parecen proclives.

La película de los
Butterworth resiente algunos de sus cambios de planes sobre la marcha, y la indefinición sobre la bondad o maldad de alguno de sus personajes centrales. Sobre todo cuando ni siquiera se sabe si esos cambios responden a verdaderas decisiones argumentales, o a la simple complacencia con el elemento romántico o con la estrella protagonista.

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