17 de julio 2006 - 00:00
"Ser coreógrafo es casi ser cineasta"
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Comienza el Festival Internacional Cámara Corporizada con más de 40 películas de 20 países
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Disponible en Netflix: la película que se estrenó hace 30 años y es la favorita de millones
Oscar Araiz da
indicaciones a
una bailarina en
un momento de
los ensayos de
«El ruiseñor»,
tercera parte del
programa
Stravinsky que
se verá en el
Colón.
P.: ¿Cuál es uno de sus mayores placeres en una puesta nueva?
O.A.: Poner luces. El coreógrafo, desde mi óptica, tiene mucho que ver con el director de cine, de alguna manera. Es una cámara, es un objetivo, va editando, va modificando el ángulo de enfoque, se acerca o se aleja, manipula la mirada, pone foco en un ángulo o en otro, abre el campo o no... Un poco ese procedimiento lo pude poner en práctica en «Boquitas Pintadas», La técnica del video está insinuada en esa puesta. Esa idea reaparece ahora porque yo nunca pude filmar y es algo que todavía no logré desarrollar. Pero que no descarto como posibilidad.
P.: Es decir que el cine es una deuda pendiente para usted...
O.A.: Tengo un proyecto que nació como un guión cinematográfico sobre «La Casa», de Manuel Mujica Lainez. Con el tiempo se fue transformando en una puesta teatral, más tarde fue pensada como una ópera, también cambió a una suerte de instalación y todavía hoy no sé a ciencia cierta que formato va a adquirir.
P.: ¿Qué lenguaje une a las tres obras del programa Stravinsky? Empecemos por «Las bodas».
O.A.: Me dejo llevar por mis necesidades, lo que la música o el tema me piden. En consecuencia el lenguaje es muy libre. En «Las Bodas» empecé por tratar de utilizar un lenguaje más bien primitivo, en este caso fui fiel a la versión original, ya que la obra es como un ritual folklórico ruso, rústico, con sonidos primitivos, y ese ritual, más que una fiesta de bodas, es un sacrificio de dos personas que apenas se conocen y tienen enormes dudas. Está todo como enmascarado de fiesta, pero es un sacrificio tribal en última instancia.Empecé con un estilo coreográfico muy libre y primitivo, en el sentido de la vieja danza moderna y luego apareció una línea más naturalista.
P.: «El ruiseñor».
O.A.: Es un cuento muy puro y tiene algo de « musichall». Traté de evitar el cliché y hay algo de puntas, de lenguaje académico y también una perfecta fusión entre el accionar de los bailarines y de los cantantes.
P.: ¿Y «Petrushka»?
O.A.: Ya la había hecho en Ginebra y formaba un espectáculo sobre Misia Sert. Hago una relectura del ballet original e inclusive utilizo citas de la coreografía de Fokin, pero el triángulo principal es Nijinsky-Rómola-Diaghilev, interpretando a Petrushka, a la bailarina y el mago. Trato de mostrar cómo es la compañía de los Ballets Russes desde atrás. Hay también cientos de situaciones del repertorio. Aparecen Isadora, Karsavina, Pavlova, León Baskt, entre otros personajes paradigmáticos de la época que deambulaban por los escenarios, hoy totalmente legendarios.
Entrevista de Eduardo Giorello




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