15 de septiembre 2008 - 00:00
Seúl multifacética: ricos, cartoneros y puritanismo
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Sin embargo, también hay espacio para la sensualidad, aunque ésta adopte características más discretas. Todas las sociedades presumen de tener las mujeres más lindas del mundo y la coreana no es la excepción. Sin ahondar en un tema que puede enojar a nuestras damas (a las que, para bien o para mal, hemos convencido precisamente de eso), las coreanas son realmente bonitas, un regalo para la vista de sibaritas como este enviado, capaces de ranquear tan alto la delicadeza como la voluptuosidad.
La ciudad es limpia y ordenada, pero no tanto como otras de Oriente. Algunos automovilistas son capaces de cruzar un semáforo en rojo (algo imperdonable en Japón, por ejemplo), invaden las sendas peatonales y hablan por teléfono mientras manejan.
Para tener 10 millones de habitantes, Seúl es bastante silenciosa, pero, otra vez, no tanto como Tokio. Las bocinas de los autos raramente suenan y éstos son invariablemente grises, negros o blancos. A la luz verde, que es tan verde como en todos lados, la llaman «azul», acaso para jugar con la intriga de los extranjeros.
La comparación con Japón es permanente. Es que, aunque llegan muchos turistas de ese origen que son bien tratados, aún duele el saldo de la ocupación de 1919 hasta 1945, durante la que corrió mucha sangre, se abolió la lengua local en las escuelas y se envió al ejército japonés como esclavas sexuales a millares de mujeres.
La discriminación es un rasgo tan universal como la prohibición del incesto, y los coreanos no son inmunes a ese mal. ¿Pero a quién se habría de discriminar en una sociedad absolutamente homegénea desde lo étnico y lo lingüístico? Quedan pocas opciones, y los coreanos hijos de emigrantes que retornan son un blanco potable. «Los coreanoargentinos parecen totalmente coreanos por su aspecto, pero, si uno los mira bien, por su modo de comportarse y su mentalidad, son en realidad argentinos», le dijo un diplomático a este enviado. ¿Eso será bueno o malo? Mejor no seguir preguntando...
El idioma es inasible, y para quien quiera aprenderlo se sumará una dificultad extra. El grado de confianza con el interlocutor, o el respeto que se le deba a éste por cuestiones de jerarquías, hace que haya muy diferentes expresiones para decir exactamente lo mismo. Son tantos estos registros de lenguaje que, exagerando algo, puede decirse que aprender coreano implica adquirir varios idiomas a la vez.
Nunca dicen que no, aunque ésa sea la repuesta implícita a una propuesta. La humildad es una buena receta para entablar, poco a poco, una relación de mayor confianza. Apurarlos en un negocio equivale a espantarlos para siempre.




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