Shakers: "No lo pensamos mucho; volvemos y tocamos"

Espectáculos

Los Shakers, que hoy y mañana retornan a un escenario (será en el ND/ Ateneo), tuvieron una importancia fundamental en la música y la cultura popular rioplatenses. Sus hits siguen reeditándose en todo el mundo y su influencia nunca dejó de ser reconocida por los músicos más legendarios del rock en castellano.

Pero una pequeña anécdota extramusical podria servir para entender su influencia: hace casi 40 años, en mayo de 1966, dos Shakers, Hugo Fatorusso y Caio Vila, aterrizaron con sus flequillos «sospechosos» en el estadio de River Plate. Se sentaron en la platea visitante, ya que Peñarol definía con River la final de la Copa Libertadores. En Montevideo, River habia sucumbido 2 a 0. Cuando de local, el equipo de Núñez estaba un tanto abajo en el marcador, una parte importante del record de 60 mil espectadores del partido hizo foco en esos dos pelilargos con aire lunático, sentados en la parte rival.

Entonces, decenas de miles de espectadores les arrojaron objetos, aprovechando la excusa de su look inaceptable. Cuando el tema beatle «Corre por tu vida» empezaba a sonar en sus cabezas, los fans de River se moderaron. La barra brava de Peñarol, dirigida por el entonces atemorizante Ruben «Negro» Rada, protegió a los sacudidos Shakers enfrentando a casi todo el resto del estadio. Los locales se achicaron, sobre todo luego de que el marcador volvió a favorecer a Peñarol. Y fue a esos dos pelilargos que se les ocurrió, entonces, el mote de «gallinas», que una semana después, en una competencia menos trascendente, la hinchada de Banfield ya empezó a emplear para designar a River.

Los Shakers no intentan unir todos los recuerdos y hechos vividos en sus casi cuatro años como banda. «Nunca estuvimos peleados, pero cada uno andaba por otro otro lado y si bien nos veíamos, los cuatro no coincidimos desde la separacion, unos 37 años atrás» explica Pelín Capobianco. Esto da lugar a bromas de los músicos sobre achaques hipotéticos, Alzeheimer, traumas psicológicos intratables y cosas peores «que ni siquiera podemos adjudicar al abuso de drogas, ya que en nuestros tiempos aca no había llegado el flower power, no había nada de nada, excepto whisky, whisky, whisky... y ginebra!». Por ejemplo, explicando la ausencia de su hermano Hugo, Osvaldo Fattoruso dice con cara de poker: «Ojo, está vivo, sólo que recién llega mañana!».

Hugo Fattoruso demostró la seriedad del chiste en un diálogo posterior: «Todo era muy casero en Uruguay. Mi padre vio un documental sobre los instrumentos que tocaban los afroamericanos en las plantaciones, y armó un cajón con una cuerda, que sonaba grave, algo parecido a un bajo.Yo me conseguí un ukelele a los 13 años, y lo afiné como se me ocurrió. Mi hermano tenía 8 años, así que cuando tocábamos un tema de Elvis o Bill Haley, cantaba yo. Pero justo antes de convertirnos en Los Shakers, lo usual era un jazz, a veces cantado, sobre discos que escuchábamos de Cole Porter, por ejemplo».

La decisión trascendental fue transformarse a la imagen de los músicos de Liverpool. «Fue algo conciente, era una moda, un juego y también un desafío» explica Osvaldo. Eso los trajo del otro lado del río, donde descubrieron que había menos tolerancia a los peinados raros que en Uruguay. «Allá lo que era terrible era el racismo», explican casi a coro Caio y Pelín. «Un músico amigo tenía una novia negra y era un escandalo». «Pero en Buenos Aires, te podían patotear en un cine, o llevar a la comisaría por tener el pelo largo», agrega Caio.

Los discos de Los Shakers llegaron a ser editados por sellosestadounidenses de la época.«Una preventa podía llegar a las 500 mil unidades» aseguran. «La anécdota más graciosa es lo que nos han pagado de regalías por 'Irak it all' todos estos años», sonríe Osvaldo Fattoruso. Estos shows de reunión continuarán en toda Latinoamérica y después editarán un dvd. «La mayor satisfacción que tenemos es el respeto que siempre nos demostraron músicos como Charly García, Spinetta o Fito Páez, quien nos hizo de padrino del disco nuevo ' Bonus Traces', que presentaremos en vivo junto a nuestros temas clásicos. El disco incluye cosas raras de todo tipo, como skas funkys y bandoneones desencadenados a cargo de Pelín Capobianco, un musico de formación clásica que toca el contrabajo en una orquesta sinfonica», cuenta Hugo. «Una vez le pregunté cómo puede tocar algo tan complejo como Stravinsky y me dijo que simplemente le pescó la onda».

Osvaldo fue el talento para escribir canciones en inglés conociendopoco más de 40 palabras del idioma («love, you and me» a la cabecera). En Inglaterra y EE.UU. mucha gente escuchó las reediciones en CD y dijo que las licencias poéticas eran muy buenas. Vila, baterista que se guarda algunas de las historias más jugosas de aquellos años locos, es el que habla de las maravillosas ridiculeces del marketing primitivo del sello Odeón.

«Cada noche habia un restaurante o un boliche, donde siempre caían los fotógrafos, y hasta llegaron a inventarnos un accidente», recuerda. «Se salvo por un pelín», titularon mi foto, cuenta el bajista. «Pero lo más increíble fue la tragedia de la ardilla», agrega, de la que se valió el sello para vender más discos. El músico tenía una ardilla como mascota y, cuando se escapó, el director artístico de Odeon la bautizó Mata Hari y logró que los diarios publicaran la historia. «Nos obligaron a decir que ofrecíamos una recompensa. Entonces empezaron a llamar muchas chicas con ardilllas de todo tipo y pelaje. Había que revisarlas, a las ardillas claro, a ver si tenían cierto lunar en el mismo lugar que Mata Hari», recuerda.

Cuando terminaron de grabar su obra maestra, «La conferencia del Toto's Bar» (el «Sargent Pepper» rioplatense, sin lugar a dudas), Los Shakers ya no podían jugar a las ardillas ni sabían qué hacer con el mono que tenían en la casa donde rodaban films underground con el premiado publicitario Rodolfo Corral (ganador en Cannes con un comercial, cuando nadie soñaba con eso). Los travellings se hacían en una silla de ruedas a veces ocupada por otra mascota pintoresca, un simio bautizado Thelonius Monk.

Sobre su show actual no tienen el menor conflicto: «Vamos a tocar por primera vez en un escenario temas de La Conferencia», explica Osvaldo, que al igual que su hermano Hugo no piensa complicarse mucho. «Nos llamaron para reformar Los Shakers, y del mismo modo que los grababamos, espontáneamente, así los vamos a tocar en vivo».

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