11 de marzo 1999 - 00:00
"SHAKESPEARE APASIONADO "
-
Netflix sorprendió a todos con la última película de una de las sagas de acción más exitosas de la historia
-
Un cruce entre la danza y mundos tan distintos que van de Tchaikovsky a María Elena Walsh
Quienquiera haya sido (la leyenda promocional dice que fue el coguionista Marc Norman, enfrentado a los deberes escolares del hijo), fue una buena idea. Primero hay que transitar por algunos chistes simples, como un psicoanalista o una sesión de audiciones en pleno siglo XVI, y también hay que aceptar que todos sean tan miopes como para creerse que Gwyneth Paltrow es un muchachito con bigotes, pero después las cosas se encarrilan de maravillas.
Aquí Gwyneth Paltrow está notablemente parecida a Zully Moreno jovencita, así etérea, romántica, y al mismo tiempo carnal, avispada y siempre elegante. Sólo que sueña con actuar, justo en una época cuando, por curiosas razones de moral, los papeles femeninos estaban a cargo de varones. En esto, como en otras cosas, los ingleses siempre fueron un poco raros (y también los griegos, y los japoneses, dicho sea de paso). Pero la chica, igual que Mulan, o que Rosa Rosen en «La estancia del gaucho Cruz», se viste de varoncito y consigue su papel.
Aun más, consigue al que escribe los papeles y, dulce paradoja, también entre ellos habrá un cambio de roles. En los diálogos de alcoba, él siempre dirá los parlamentos femeninos, y viceversa, y así irá naciendo una comedia. Las cosas se complican por un novio inoportuno, y por la consabida muerte de Christopher Marlowe, a quien la historia rinde una debida justicia.
Esos hechos definen, entonces, el tono trágico que el joven William dará a la última parte de su obra.
Marc Norman y el dramaturgo y cineasta Tom Stoppard lucen brillante agilidad e inteligencia, desarrollando con igual interés la pieza teatral y el enredo cinematográfico. Y el elenco elegido luce la adecuada gracia como para expresar todo eso manteniéndose siempre entre la humorada y la devoción.
En el elenco, y aunque sólo aparezca tres veces, resalta la impagable Judy Dench, que después de haber hecho sutilmente a la reina Victoria en «Su majestad, Mrs. Brown», entrega ahora una cómica y compradora reina Isabel. El director es el mismo en ambos casos, John Madden, con sus virtudes para que cada detalle esté como debe, y se luzca, y también con sus defectos. ¿Pero quién no tiene defectos, y a quién no se le perdonan, sobre todo cuando se sale del cine con una sonrisa?




Dejá tu comentario