29 de julio 2002 - 00:00

"Shakespeare es amoral y siempre lo edulcoran"

Luciano Cazaux
Luciano Cazaux
Subió a escena en Del Otro Lado (Lambaré 866) una nueva versión de «Sueño de una noche de verano», de Shakespeare, dirigida por Luciano Cazaux y traducida en colaboración con Susana Anaine, subdirectora de Investigaciones filológicas de la Academia Nacional de Letras. Integran el elenco Gustavo Oliver, Gabriela Tognetti, César Giampieri, Mariana Malamud, Martina Perret, Gabriel Tortarolo, Rolo Picotto, Nacho Rosetti, Claudia Aguilera, Nora Glazer, Anna Karina y Daniel Mancuso, además del director. Puestista de «Bang Bang» (Premio ACE '99 al Mejor Espectáculo de Humor) y de la más reciente «Sospechosos», Cazaux vuelve a la comedia de enredos, pero esta vez con el sello Shakespeare. Su propuesta pretende ahondar en el erotismo del original así como en la ambigüedad sexual de sus personajes. Paralelamente, Cazaux se encuentra dirigiendo «Carta de invitación», monólogo a cargo de la actriz cubana Audry Gutierrez Alea (hija de «Titón», el director de «Fresa y chocolate») cuyo estreno está previsto para el 5 de septiembre, en Multiteatro.

Periodista: ¿Encaró la obra de Shakespeare como una comedia de enredos?


Luciano Cazaux
: Creo que, por su estructura, lo es. Pero, básicamente mi puesta intenta reproducir el clima general de la obra, esa libertad sexual tan propia del período isabelino. Lamentablemente, la obra pasó luego por un filtro victoriano y terminó llegando a nosotros en versiones muy edulcoradas. Acá las hadas son más oscuras, como brujas, fieles a su origen céltico. Son seres traviesos que hacen reír y, a la vez, son seres siniestros, peligrosos y completamente amorales. Eso fue lo que más me interesó de la obra, su amoralidad o, mejor dicho, ese correrse de la moralidad judeocristiana. El investigador Jan Kott coincide con esta visión.

•Amantes

P.: ¿En qué sentido?

L.C.: El dice en un artículo que la obra -escrita para los festejos de un casamiento-se mete con personajes reales. Son los amantes, masculinos y femeninos, del duque y la duquesa que esa noche interpretaron muchos de los papeles de la obra. Mi idea fue retomar ese ambiente de ambigüedad sexual e inversión de géneros. El duende Puck, por ejemplo, está interpretado por una actriz. Mi puesta está inspirada, además, en una frase de Marguerite Yourcenar: «Cuando alguien se enamora, se enamora; no importa el sexo de la persona amada».

P.: El director Rubén Szuchmacher contó en un reportaje que cuando dirigió «Sueño...» (a fines de los '80) decidió marcar a sus actores tomando como referencia los efectos de algunas drogas. Los artesanos se mostraban hiperactivos por la cocaína, los amantes parecían haber fumado marihuana, mientras que los dioses del bosque estaban bajo los efectos de algún alucinógeno.


L.C.:
Sí, esta es una obra que invita al delirio. Si pienso en lo que hicimos con el elenco, creo que llegamos a un planteo parecido al de Szuchmacher, sin habérnoslo propuesto, claro. En el caso de los artesanos yo me ocupé de buscar ya no a tres comediantes sino a tres buenos cómicos (uno de ellos es Nacho Rosetti del dúo humorístico Los Quelonios).

P.: ¿La pieza habla del amor o del deseo?


L.C.:
Yo creo que habla del deseo, pero para mí ambas cosas van de la mano. Culturalmente se los separa y la mayoría de la gente los discrimina, por eso esta obra resulta tan compleja y fascinante, porque pone en duda esa división.

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