2 de agosto 2001 - 00:00

Simios desatados, director controlado

Escena del film.
Escena del film.
«El planeta de los simios» («Planet of the Apes», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: Tim Burton. Int.: M. Wahlberg, T. Roth, A. Bonham Carter, D. Warner, K. Kristoferson, C. Heston.

En 1968, la Fox apostaba todo a «Dr. Dolittle», una comedia musical que fracasó miserablemente. La película que salvó ese año al estudio fue «El planeta de los simios» de Franklin Schaffner, que con Charlton Heston y un montón de máscaras de látex de simios generó una franquicia como pocas: siguieron cuatro secuelas, una serie con actores y otra de dibujos animados.

Ya sea en cine o en TV, la originalidad de esta fábula contra la intolerancia condimentada con acción, suspenso, hermetismo y guiños progres (a cargo del guionista Rod Serling, autor de «The Twilight Zone») la contundencia del primer film fue el detonante para que hoy varias generaciones quieran ver un nuevo «Planeta de los simios».

Claro que a diferencia de la primera vez, ahora el estudio controló demasiado el proyecto. Oliver Stone lo abandonó hace casi una década, y por suerte nos libramos de unos simios dirigidos por Chris Columbus. Tim Burton era una opción perfecta, sobre todo luego de tres obras maestras surgidas de un profundo conocimiento del cine fantástico, «Ed Wood», «Marcianos al ataque» y «La leyenda del jinete sin cabeza».

Pero en este caso el estudio no iba a dejar una franquicia tan redituable en manos de un genio, así que «El planeta de los simios» versión 2001 se divide en dos partes que se reconocen con facilidad. La primera mitad de la película está entre lo mejor de Burton. La mitad final es una típica superproducción de ciencia ficción pobre en ideas y rica en batallas innecesarias, giros argumentales incongruentes y todos esos detalles impersonales e híbridos tan comunes en tanta película empeorada en un almuerzo de ejecutivos.

Los espectadores optimistas recordarán para siempre las cualidades imponentes de la mejor parte del film. Durante poco más de una hora de proyección Burton mejora un clásico, con una tensión y un tono brutal, estremecedor, inédito en su filmografía, apenas igualado por el ultraviolento «La conquista del planeta de los simios» (con el brillante J. Lee Thompson).

Con la excepción de aquella secuela, los simios de antes no pueden compararse con el espeluznante concepto de
Burton y el experto Rick Baker: juntos idearon unos simios más creíbles, horribles, asesinos, dinámicos y horripilantes que los parlanchines patilludos del '68. La mayoría de estos monos realmente dan miedo, y los delirios «dark» de Burton sacudirán al espectador desprevenido que recuerde la máscara de látex que llevó el incansable Roddy McDowall en casi todos la serie.

Lo más cerca posible del terror que se le permite a un film de ciencia ficción,
«El planeta de los simios» no logra mantener esa altura hasta el final. La paradoja temporal se vuelve tonta, y lamentablemente no es el único detalle del guión que hacia el final subestima al espectador. El largo desenlace es obvio y está lleno de tonterías argumentales y formales, incompatibles con el mismo film que minutos atrás mostraba situaciones espantosas de esclavitud, traición, fascismo, crueldad, xenofobia y racismo, a veces con un delicado humor negro.

Algunos planos directamente no parecen haber sido filmados por
Burton, sobre todo en una larga serie de despedidas neorrománticas previas al muy poco feliz epílogo que intenta emular la sorpresa del inolvidable final original. Aun con todos los altibajos, esta escena es la única que no logra un nivel digno. El efecto es decepcionante, lo que no disminuye la contundencia del memorable lado oscuro de un planeta que lamentablemente también tiene un mediano lado gris.

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