30 de abril 2001 - 00:00
"Sobran las historias en la mesa de un bar"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Leonardo Bechini.
P.: ¿Qué fue primero, el bar o el programa?
L.B.: Primero surgió el programa, hace dos años, en el bar La Opera. Fue mientras esperaba a otro autor y empecé a ver las mesas, la gente y a recordar las cosas que me habían pasado a mí en un bar y se me ocurrió la idea. Me dije por qué no contar historias de café. Este piloto lo presenté en todos los canales y todos me lo rechazaron.
P.: ¿A qué atribuye que los canales privados hayan rechazado la propuesta?
L.B.: Eso ocurrió cuando me había alejado del negocio de la televisión. Cuando uno desaparece por seis meses, no existe; pero cuando a uno le va bien, lo llaman de todos lados. Inclusive el año pasado me ofrecieron hacer «Un cortado» pero en «Canal 7» es una manera de devolver lo bien que me estaba yendo. Yo sé que en el canal del Estado los presupuestos están restringidos, aunque no imaginé que tanto. Además, cuando trabajé con Soledad Pastoruti y conocí bien mi país me di cuenta de lo que significaba el alcance. Estaba en Jujuy, en un ranchito, en medio de dos cáctus y se veía «Canal 7».
P.: ¿No cree que la propuesta de los cafés es bastante porteña o de ciudad?
L.B.: Sí, pero por lo menos tenemos la excusa de devolverles a los actores que hace 15 años no ven porque «Canal 7» no hace ficción desde entonces.
P.: ¿Cómo será el programa?
L.B.: La idea es contar pequeños encuentros de gente, de amigos, de matrimonios que se arman, que se desarman, contar la vida. Se cuentan tres historias por capítulo, todo ocurre adentro. La historia quizá no termina pero tiene su resolución, y también están la historia del dueño del bar, de la moza, del lavacopas, que son los que quedan fijos.
P.: ¿Cree que la ficción está pasando por un buen momento como sostienen algunos medios?
L.B.: Sería más fácil hacer programas de entretenimiento que son más baratos y dejan más plata que la ficción. La ficción no es rentable, se sale empatado o se gana muy poquito.
P.: Pero algunas productoras de ficción han crecido mucho en estos últimos años.
L.B.: Mal no les va, pero tampoco tan bien como cree la gente. Desde hace mucho que las cosas no van brillantes, la torta publicitaria se achicó y todos vivimos de los anunciantes. En la medida en que se reduzca el presupuesto para publicidad, será cada vez más difícil llevar a cabo un proyecto.
P.: En un marco de crisis de ideas, ¿las productoras independientes o los canales suelen «robar» ideas?
L.B.: Eso es una fantasía popular. No existen más que 38 situaciones dramáticas, entonces siempre aparece alguna idea que se reitera. Inclusive Selva Alemán me contó que el año pasado había tenido una idea muy parecida a «Un cortado» y ni ella me robó a mí ni yo a ella.
P.: Volviendo al «Un cortado», ¿por qué decidió alquilar el local?
L.B.: Porque se me complicaba mucho para conseguir la locación, me querían cobrar un disparate para filmar un programa a la semana. Pensábamos armar un set chiquito, pero justo conocí al dueño del lugar, le propuse la idea y se enganchó con remodelar el bar. También se podrán ver shows on line, momentos de la grabación en vivo, útil para quienes estudian televisión, cine. En el sitio también habrá un espacio para que el espectador nos cuente su historia de café y tal vez la podamos representar. Y otra cosa divertida es que los domingos, día fatal por la melancolía, vamos a tener tres psicólogos para que la gente los consulte y charle con ellos.




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