19 de noviembre 2007 - 00:00

Soibelman, cumbres del arte "contaminadas" por el comic

«Enciclopedia», una de las obras en las que Agustín Soibelmanse sirve de cumbres de la historia del arte (en este casoincluyó una figura pintada por Juan Carreño) dándoles lamisma jerarquía que los dibujos animados.
«Enciclopedia», una de las obras en las que Agustín Soibelman se sirve de cumbres de la historia del arte (en este caso incluyó una figura pintada por Juan Carreño) dándoles la misma jerarquía que los dibujos animados.
La muestra del joven pintor Agustín Soibelman, que desde la semana pasada exhibe la galería Delinfinito, se inicia con unos retratos infantiles que exploran la psicología de los personajes. El rostro de « Demian», un bello niño rubio, revela con su media sonrisa y su mirada severa e inquisitiva, un cinismo precoz y solapado. Se trata de un cinismo que no deja lugar a la inocencia, contrario a los sentimientos puros que -se supone- puede transmitir un chico de apenas tres o cuatro años. Pero el gesto de este niño permite entender el sentido de la exhibición.

La mirada que echa Soibelman a la pintura universal, está contaminada con las imágenes del mundo de los comics y las estrellas que desfilan por las pantallas de TV, pero es una mirada cínica, donde las obras cumbres del arte ostentan la misma jerarquía que los dibujos animados, donde se entremezclan la ficción y la realidad y sobre todo, donde no hay valores o, si los hay, son inestables.

«Uk de Venetton» es una pintura envolvente, en ella, el Papa «Inocencio X» que pintó Velázquez (retrato cuya mirada ha subyugado durante siglos a los artistas, como a Francis Bacon que pintó varias versiones), forma parte de una serie de imágenes que se desplazan como en una ruleta. El mundo de Soibelman gira alucinado, parece abarcarlo todo sin discriminar y, de más está decirlo, se asemeja mucho al real. El artista observa este devenir con distanciado cinismo y lo representado en su obra sin ninguna intención crítica, su mirada oscila entre la ironía y la crueldad, al igual que la del niño, parece ser testigo de la caída moral.

Soibelman se sirve de la historia del arte y trae al presente en su cuadro «Enciclopedia», la figura de una enana deforme pintada por Juan Carreño, un discípulo de Velázquez. Desnuda y cubriendo su sexo con una hoja de parra, la patética enana que se llamó María Eugenia Martínez Vallejo y supo deparar diversión a la Corte de Carlos II, expresa en su rostro gordinflón todo el rencor y la humillación que le provoca su situación de bufona. La capacidad para captar la tragedia del personaje, le valió a Carreño el lugar que hoy ocupa entre los grandes pintores del período barroco.

Y con sus citas a la pintura antigua, Soibelman se acerca por un camino transversal a la verdad de las cosas. La enana es una figurita más en su « Enciclopedia» poblada de seres extraños, juguetes, ángeles y demonios. Hay, sin embargo, una delicadeza en el exquisito tratamiento de la obra, en la belleza constante de las formas y en los dulces tonos rosados y verdes de los óleos, que modera y suaviza la violencia del desesperanzado y descreído discurso.

En la nueva serie de pinturas inspiradas en el comic, todo transcurre velozmente, tan rápido que resulta difícil ubicar el tema de las obras en el tiempo. Una pincelada ancha, que barre en parte los motivos, parece representar el paso acelerado del tiempo. Hay mensajes escritos y personajes borrosos, como esos rastros que suele guardar la memoria, retazos de un relato cuyo sentido cabal se escabulle. La obra consiste en esos fragmentos que alumbra el recuerdo y su significación acaso resida en la imposibilidad humana de encontrar el principio y el fin de las cosas.

En suma, se trata de una muestra donde el espectador tiene asegurado el placer visual a través de una pintura seductora, pero la exhibición es compleja y le dejará más dudas que certezas.

Hace algo más de dos años, Soibelman (34) exponía sus obras en Delinfinito y en la misma fecha, destacamos en este diario algunas afinidades con las de Nahuel Vecino (29), Alejandro Bonzo (30) y Juan Becú (27), que mostraban sus pinturas en la galería Sara García Uriburu. Ahora, por una cuestión de azar estos cuatro pintores han vuelto a exhibir sus obras simultáneamente. Al buen oficio de los cuatro artistas que citan el arte del pasado sin perder su contemporaneidad, se suma ahora Max Gómez Canle, que presenta sus estupendas pinturas junto a Vecino, Bonzo y Becú, en muestra curada por Laura Batkis en la galería Ruth Benzacar. Más allá de esta coincidencia y del espíritu más o menos afín o más o menos diverso de las obras, ambas exposiciones pone en evidencia la excelencia de estos pintores jóvenes argentinos.

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