16 de octubre 2002 - 00:00
"Stalin encontraba divertido que violaran mujeres alemanas"
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Los grandes dolores de la humanidad han quedado reflejados con sobrecogedora precisión en sus libros, en los que se proyecta el rigor científico y los gritos de agonía de una sociedad vencida, violentamente desgarrada en cada una de sus páginas. No es de extrañar por tanto que «Stalingrado», una renovadora investigación sobre lo ocurrido en esa mítica batalla, haya vendido más de un millón de ejemplares, haya conseguido importantes premios y se encuentre traducida a más de 20 idiomas, entre ellos el coreano y el chino. «Berlín. La caída 1945» se ha convertido ya en bestseller en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania.
Antony Bevor: Estuve cinco años en el ejército, pero toda la familia por parte de mi madre han sido escritores: seis generaciones, y todos publicados por la misma editorial. Y como ese gusanito se lleva en la sangre, me lancé a escribir una novela. Entonces mis editores pensaron que poca gente podía escribir con esa experiencia militar y me animaron a hacerlo. Además, cuando es el editor el que tiene la idea, te paga mucho más que cuando se le ocurre a uno.
P.: ¿Aparece la sombra de la ficción en la elaboración de «Berlin. La caída: 1945»?
A.B.: En absoluto, todas las descripciones proceden de testimonios reales. He utilizado millares de cartas y diarios, a veces recogidos de los propios cadáveres alemanes y rusos. Esto ha sido una fuente extraordinaria.
P.: ¿Le resultó difícil el acceso a los archivos del Kremlin?
A.B.: Fue tan alucinante que con esas experiencias se podría escribir otro libro. Resulta muy dificil acceder a los archivos militares. Me costó seis meses de negociaciones. Recuerdo un póster de Lenin que me miraba fijamente mientras trabajaba. Todavía llevo dentro sus ojos. Para conseguir una información objetiva le dije a un coronel ruso que me interesaban los diarios de los médicos y de los sacerdotes, y me contestó indignado: «¡En el Ejército Rojo no había curas!».
P.: El intento de asesinato de Hitler, el 20 de julio del 44, ¿sirvió para aglutinar a la población mientras Berlín se desmoronaba?
A.B.: Sí, sin duda. La manipulación era terrible. Hitler vivía en un mundo irreal, de fantasía y de locura. En 1941 no quería ver el peligro y en el momento en que tuvo que confiar en sus generales, desconfió por completo, con resultados catastróficos.
P.: Ni en las pesadillas más terribles se puede imaginar las violaciones colectivas de los dos millones de mujeres alemanas por parte del Ejército Rojo. ¿Cuál ha sido la respuesta ante tantos testimonios?
A.B.: Por primera vez se ha presentado la historia de la toma de Berlín desde la óptica rusa contrastada con la alemana. Stalin conocía perfectamente lo que estaba pasando y encontraba divertido que todas las mujeres alemanas, desde niñas a ancianas, fueran violadas. Hace poco un periódico alemán afirmaba que el pueblo alemán debía estar muy agradecido por toda esta documentación. Además yo no soy un historiador alemán, sino inglés. Las mujeres alemanas aportaron una información muy valiosa porque escribían todo lo que les pasaba.
P.: Los rusos dicen que dejaron dos millones de niños en Alemania. ¿Es así?
A.B.: Eso es una exageración porque 90 por ciento de las mujeres abortaron, pero se sabe que 3,7 por ciento de los niños nacidos en Alemania en 1946 eran de padres rusos. Alemanes que tienen hoy 56 años todavía se preguntan si son producto de una violación. De hecho un periodista me contaba que habían descubierto que su hermano era uno de estos casos. A raíz del reciente libro de Günther Grass, éste es un tema muy conflictivo y de debate en Alemania.
P.: ¿Cómo ha reaccionado el pueblo ruso ante estas acusaciones?
A.B.: A los medios rusos no les ha gustado nada, como tampoco al embajador ruso en Londres. En febrero se publica la edición rusa y yo me he negado a que me hagan entrevistas hasta que lean el libro y no puedan decir que es propaganda, porque está todo documentado.




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