30 de octubre 2003 - 00:00

Subasta en londres eleva valor de Borges

Ejemplar de Fervor de Buenos Aires
Ejemplar de "Fervor de Buenos Aires"
L a casa Bloomsbury de Londres subastará, el próximo 20 de noviembre, la mayor colección dedicada a Jorge Luis Borges que se haya visto nunca en el mercado. Se trata de un total de 238 lotes por una suma que oscila entre las 400.000 y 450.000 libras (640.000 y 720.000 dólares), que ha suscitado controversias entre los entendidos sobre la procedencia de «Fervor de Buenos Aires», el primer libro de poemas del escritor argentino publicado en 1923.

El coleccionista Alejandro Vaccaro había manifestado que el ejemplar que figura en la subasta fue robado del Tesoro de la Biblioteca Nacional. Sin embargo, Daniel Guido Pastore, dueño de Imago Mundi, defiende la procedencia del ejemplar enviado a la venta por un italiano que él representa y que prefiere dejar su nombre en reserva.

«Se trata de un importante empresario que está dispuesto a enviar el ejemplar en pugna a la Biblioteca Nacional para despejar cualquier tipo de duda»
, aclara Pastore. Agrega que las diferencias entre los libros son muy marcadas: «El libro de la Biblioteca Nacional estaba encuadernado, y el de mi cliente tiene tapa rústica; luego, el que está en Londres tiene dos correcciones y el de la Biblioteca sólo una».

Alberto Casares
, dueño de una librería especializada en Borges y autor del prólogo del extenso catálogo de Bloomsbury, cuenta que (junto a Vaccaro) denunció en el año 2000 el robo de «Fervor de Buenos Aires» ante la justicia, que posteriormente avisó a las autoridades de la Biblioteca que podían recuperarlo cuando descubrió la persona que trataba de venderlo, y que nada hicieron por rescatarlo, pero ahora se muestra escéptico frente a las declaraciones de Vaccaro, que consideró apresuradas.

«De ningún modo quiero defender esa venta, ellos me enviaron una lista y yo escribí el texto
» observa Casares. «Pero lanzar una denuncia sin ningún tipo de pruebas nos perjudica a todos los argentinos. Para determinar si se trata del mismo ejemplar, lo debe examinar un perito, que además debe conocer el ejemplar de la Biblioteca para verificar que es el mismo».

El argumento de Vaccaro se basa en que el ejemplar que ofrece la rematadora londinense tiene una dedicatoria que fue ostensiblemente borrada, pero sobre esta cuestión coinciden varios libreros consultados por este diario: «Es muy común que se borren dedicatorias, abundan libros con esa características, porque los propietarios no siempre quieren que se sepa que sus libros salen a la venta».

Antes de este episodio, los admiradores de Borges que se reúnen todas las semanas en un bar de las Galerías Pacífico vivían un clima de excitación. Primero por la dimensión de la subasta, significativa para los fans, ya que concentra primeras ediciones, 18 manuscritos, revistas, grabaciones, fotografías y libros de su biblioteca personal, entre otros recuerdos, como sus medallas o cortaplumas.

Luego, porque cuentan que la rematadora inglesa prefirió consultar con los libreros y coleccionistas expertos en Borges y no con su viuda, María Kodama. Ahora, se sumó la inesperada denuncia de Vaccaro, que si bien es miembro del club, causó el fastidio de algunos entendidos, que consideraron «que siembra dudas en un mercado muy susceptible».

Entretanto, el director de la Biblioteca Nacional, Horacio Salas, luego de un largo almuerzo con los directores de la Secretaría de Cultura donde se trataron otros temas, dijo que «si el libro robado durante la gestión de Delich llega a Buenos Aires, lo debe examinar un perito de la justicia».

En cuanto a la venta londinense, ninguna de las piezas presentadas tiene la importancia del manuscrito de «El Sur», vendido hace dos años a la Fundación Martin Bodmer de origen suizo que colecciona escritos originales del siglo XX, en el precio récord para Borges de 186.291 dólares, valor que superó una estimación que oscilaba entre 68.000 y 90.000 dólares. Tampoco se trata de obras trascendentes, como el manuscrito de «El Aleph», que en la década del 80 la Biblioteca Nacional de España pagó 25.000 dólares; ni de «El hombre de la esquina rosada» que Eduardo Costantini compró por 81.000 dólares en los años 90, junto a las 23 cartas de tono erótico que Borges le escribió a su compañero del liceo en Ginebra Maurice Abramowicz, por las que pagó 80.000.

Ahora los expertos coinciden: lo importante es la colección completa, que tiene valor en su conjunto. En primer lugar, porque difícilmente se pueda volver a reunir, y luego, porque permite recorrer su obra desde las primeras publicaciones y a través de sus numerosos prólogos, poemas, artículos y ensayos. Como aclara
Casares en el prólogo del catálogo: «Borges ha sido uno de los pocos escritores que ha corregido, modificado, reducido y aumentado los textos que componen un libro en sucesivas ediciones, hasta llegar a hacer prácticamente un libro nuevo».

Peculiaridad que suma importancia a las primeras ediciones, cuya lectura se torna imprescindible para los estudiosos de la obra. Por estas razones la venta arranca con la venta total de los 238 lotes, y si no hubiera oferentes para el conjunto se subastarán uno a uno.

Según los expertos, los precios de base no tienen relación con los valores del mercado, algunos son bajos y otros extremadamente altos. Los valores más elevados son los de los manuscritos
«Joyce y los neologismos», (estimado entre 64.000 y 80.000 dólares), «El último viaje de Ulises» (32.000 y 40.000 dólares), y «El verdugo piadoso» (32.000 y 40.000 dólares). Luego, figura el por ahora cuestionado ejemplar de «Fervor de Buenos Aires» (29.000 a 35.000 dólares), uno de los 300 que se editaron en 1923, y «Luna de enfrente» (13.000 a 16.000 dólares). El año pasado en Buenos Aires, la casa Saráchaga vendió una primera edición de «Luna de enfrente» por 5000 dólares, cifra que algunos consideraron elevada.

Al igual que la declinación de las joyas de
Evita, también las pinturas de Berni, Pettoruti y Xul Solar dejaron de cosechar récords en las subastas locales e internacionales. Sin embargo, todo aquello que lleva el nombre de Jorge Luis Borges sigue escalando cotización, independientemente de la situación económica local y sin ninguna estrategia de marketing, con la sola fuerza de su obra.

Estos y otros temas comentaban ayer los fans del escritor. Su sobrino,
Miguel de Torre Borges, lamentaba haber vendido varias de las piezas que hoy figuran en el catálogo con valores que nunca se hubiera atrevido siquiera a soñar. Cuando era chico, su tío le envió una tarjeta de presentación con un saludo escrito de puño y letra seguramente durante un viaje, que dice: «Te mando un beso. Tio. Constitución-Lomas-Adrogué-Chascomús-Dolores-Maipú-Mar del Plata». Ahora la tarjeta está estimada entre 1400 y 1600 dólares.

Pero no todos eran lamentos por los bienes perdidos, el tema que predomina en las reuniones del club es el humor y el ingenio de
Borges. Cuentan que, pese a su ceguera, el escritor aseguraba que había podido percibir, por ejemplo, la circularidad del Museo Guggenheim de Nueva York, que a sus 83 años decía: «Un ciego también ve». Habilidad que demostró al criticar «las piedras flotando en el espacio» de Aldo Sessa que ilustraron sus «Cosmogonías». En la venta de Bloomsbury, una de las primeras ediciones de «Cosmogonías» figura entre los precios más bajos, está estimado en alrededor de 112 dólares.

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