11 de agosto 2006 - 00:00

Szuchmacher vuelve a las "Relaciones peligrosas"

Rubén Szuchmacher: «Las salas independientes son los marcos idealespara trabajar con mayor libertad y privilegiando lo artístico ante todo».
Rubén Szuchmacher: «Las salas independientes son los marcos ideales para trabajar con mayor libertad y privilegiando lo artístico ante todo».
Para celebrar sus diez años de trabajo conjunto, Ingrid Pelicori, Horacio Peña y el director Rubén Szuchmacher estrenarán hoy en Elkafka (Lambaré 866), una nueva versión de «Quartett», de Heiner Müller. A once años de su muerte, el autor de «Máquina Hamlet» sigue siendo considerado el más grande dramaturgo alemán después de Brecht.

«Quartett» es una de sus obras más difundidas y está basada en la novela epistolar «Relaciones peligrosas», de Choderlos de Laclos, publicada en 1782. En 1959, fue llevada al cine por Roger Vadim, con Gérard Philippe y Jeanne Moreau en los protagónicos. Su versión -ambientada en la época actual- provocó un gran revuelo, sobre todo en Estados Unidos donde el film fue censurado.

La novela volvió a ponerse de moda recién en 1985, a raíz de la exitosa versión teatral que escribió Christopher Hampton para la Royal Shakespeare Company de Londres, y a su guión cinematográfico que tres años más tarde dirigió Stephen Frears con un elenco encabezado por John Malkovich, Glenn Close y Michelle Pfeiffer. Simultáneamente hubo otra versión para el cine de Milos Forman, «Valmont», con Colin Firth y Annette Bening.

La obra de Hampton llegó a Buenos Aires en 1993, protagonizada por Cecilia Roth y Oscar Martínez y con Pelicori en el papel de Madame de Tourvel. Hoy la actriz participa de una versión más experimental del texto de Laclos, como señala Szuchmacher, responsable de esta nueva puesta de «Quartett», la tercera que se estrena en Buenos Aires: «Es un error considerar 'Quartett' como una versión de cámara de 'Relaciones peligrosas'. No es una adaptación sino un posicionamiento totalmente nuevo frente a ese material».

La obra condensa la acción en sólo dos personajes (la marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont) que intercambian sus papeles y van asumiendo los de algunas de sus víctimas. Ambos debaten sobre sus fantasías eróticas y su perverso juego de conquistas, entre citas de Schiller, Goethe, Sade, Danton y Nietzsche. No es más que un modo de neutralizar el paso del tiempo, como dice Valmont: «No hay hombre a quien el pensamiento de que su preciosa carne se deteriora no le provoque una erección; el miedo produce filósofos».

Szuchmacher admite que «Quartett» tiene algunos puntos de contacto con «Decadencia» de Steven Berkoff (la obra que lo llevó a armar equipo con Pelicori y Peña): «Ambas fueron estrenadas en 1980 y hay un espíritu de la época que recorre los dos materiales referido a la destrucción del sujeto. En 'Decadencia' era: 'la vida es puro placer para mí y el otro que se joda', mientras que en ésta el otro es puro imaginario, no existe. Müller reelabora ciertos temas y argumentos de Laclos para construir un discurso en donde el cuerpo natural y la genitalidad no tienen relevancia. Lo que importa es el cuerpo construido, El discurso es independiente del soporte y los papeles son móviles, por eso la obra incluye una constante representación teatral».

Periodista: En «Quartett» se habla mucho del amor y del sexo pero convendría advertirle al público que no hay escenas explícitas porque sus protagonistas lo intelectualizan todo. ¿A qué tipo de espectador apunta esta obra?

Rubén Szuchmacher: Como toda buena obra tiene diferentes registros de lectura, tanto el público más intelectual como el menos informado van a encontrar puntos de interés, desde un nivel narrativo muy simple que estaría más cerca de « Relaciones peligrosas», a otro mucho más elaborado, pero que en escena resulta de suma claridad... si se lo hace bien, claro. Es un caso similar al de «El nombre de la rosa» de Umberto Eco, que puede ser leída como una novela policial o como un tratado de semiología, depende de cada uno. Müller reescribió el material de Laclos con ironía, humor y profundidad. Nadie se va a aburrir.

P.:
Usted dirigió recientemente a Alfredo Alcón en el Teatro San Martín (Enrique IV) y a Jorge Marrale y Mercedes Morán en el Paseo la Plaza («Pequeños crímenes conyugales») y en los dos casos le fue bien. ¿Por qué estrena «Quartett» en una sala independiente?

R.S.: Las salas independientes son los marcos ideales para trabajar con mayor libertad y privilegiando lo artístico ante todo. Los teatros comerciales y oficiales tienen la ventaja de contar con un presupuesto que permite trabajar con elencos más numerosos, pero también aplican sus condicionamientos en lo que respecta a la elección de actores, plazos de ensayo, etcétera. Con Ingrid Pelicori y Horacio Peña siempre elegimos materiales que nos demanden algo nuevo, no nos interesa hacer por hacer.

P.:
En enero vuelve a La Plaza para dirigir a Alfredo Alcón en «La muerte de un viajante» ¿Cómo hizo para que confiara en usted cuando le fue tan mal con otros directores, como Jorge Lavelli?

R.S.: Yo no soy un director caprichoso de esos que tiran ideas sin importarles la manera de llevarlas a cabo. Para mí el teatro es una tarea colectiva, prefiero ceder el espacio al material y a los actores. Cuando trabajo con Alcón adapto el personaje a su medida, pero para llevarlo a zonas diferentes de las ya transitadas por él. Si surge alguna dificultad la incluimos en la construcción del personaje. Con un gran actor como él no se puede trabajar competitivamente.

Entrevista de Patricia Espinosa

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