«Otra película de miedo» («Scary Movie 2», EE.UU., 2001, habl. en inglés) Dir.: K.I. Wayans. Int.: A. Faris, J. Woods, T. Curry, C. Elliott.
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Con su comicidad escatógica, esta nueva «Scary Movie» logra arrancar más carcajadas que su taquillera antecesora. Tan tonta como divertida, esta secuela se sumerge de lleno en la mecánica de toda segunda parte sin intentar jamás disimular su espíritu mercenario.
Irónicamente eso es justamente lo que convierte a esta continuación en un film menos limitado que el que lo originó, cuya estructura dependía de los fenómenos comerciales al estilo de la saga de «Scream», y no se animaba mucho a salir de ese tipo de referencias masivas. Como desde entonces no hubo muchas novedades en el género, la nueva sátira se aplica a cualquier cosa, desde títulos recientes -en algunos casos remakes de películas legendarias-como «La maldición» o «La casa en la montaña embrujada», pero también invocando clásicos como «El exorcista», «Carrie», «El resplandor» y hasta curiosidades como la olvidada «El ente», rara incursión en el sexo paranormal que da lugar a un gag memorable y realmente inesperado.
Por algún motivo la gente de Miramax y Dimension, es decir los dueños de la franquicia de Freddy Krueger y Jason, no dejaron que nadie se burle de sus redituables monstruos, desde hace un tiempo en hibernación en alguna cripta californiana.
A pesar del ejército de guionistas, el argumento copia los detalles mínimos de dos o tres clásicos de casa embrujada, enviando a un grupo de adolescentes a un supuesto experimento psicológico en una mansión plagada de espectros. Sin ocuparse ni siquiera de una dirección de arte realmente elaborada para el caserón que funciona -igual que en tantos films clase B-como centro exclusivo de la mayor parte de la acción, los Wayans pusieron todo su empeño fuera de la pantalla: en una jugada maestra en lo comercial obtuvieron luz verde para un presupuesto de 45 millones de dólares que nunca se percibe en los resultados ni en las desmesuradas escenas de explosiones de fluidos corporales, ni cuando hacen boxear a un gato (gran momento de efectos especiales jocosos), ni en el exorcismo de James Woods, ni en el chiste sobre las eternas palomas de los films de acción de John Woo.
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