Basado en una vieja pieza teatral ya llevada al cine en 1971, no convence esta versión pretendidamente globalizada de «Dos perdidos en la noche».
«Dos perdidos en la noche» (Dois perdidos numa noite suja, Brasil, 2002, habl. en portugués e inglés). Dir.: J. Joffily. Guión: P. Halm, sobre pieza de P. Marcos. Int.: R. Bomtempo, D. Falabella, G. Camilleri, J. Gilleece, D. Herman.
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"Perdidos en la noche" era una famosa película norteamericana con un vaquero zonzo que llega a la gran ciudad pensando que va a vivir de las mujeres, y un marginal de sospechosa orientación que se convierte en su mejor y único amigo. «Dois perdidos numa noite suja», es una famosa pieza teatral brasileña, ya llevada al cine en 1971, con un campesino zonsuszo que llegó pensando en un trabajo decente para comer todos los días, y un homosexual pícaro que tiene problemas para ayudar a los demás. La acción transcurre en una casucha paulista, y la escena más recordada en cuando ambos personajes discuten por un par de zapatos. Del mismo autor, Plinio Marcos, fueron después los textos de películas como «Reina Diabla», «Barra pesada», y «La navaja en la carne».
Ahora, pasados treinta años largos y ya en el nuevo milenio, José Joffily («¿Quién mató a Pixote?») y Pablo Halm hicieron otra versión de los «Dos perdidos...», actualizada y pretendidamente globalizada, con un zonzo del interior, y una loca peligrosa (como se define ella misma), orgullosa no sólo de no ayudar al otro, sino de vivir a costillas haciéndole burlas. La acción transcurre en un sucucho neoyorquino, y ambos personajes discuten por unas botas de 500 dólares, pero la escena más recordada es cuando cometen su primer crimen.
En lo esencial, sigue siendo teatro filmado, con el clásico esquema de un sufriente que intenta mantener el tono de voz y la compostura, y un ser agresivo, pasado de decibeles, que histeriza todo el tiempo, mientras el público sigue el relato sólo para ver si al final el sufriente cobra su recompensa aquí en la tierra, y el otro cobra su merecido y se calla.
Diremos que el final tarda en llegar, no satisface a todo el mundo, y mientras hay que dejar pasar leves incoherencias argumentales, y acostumbrarse a la actuación de Débora Falabella (la Mel Feraz de «El clon»), que parece una ratita con resortes lanzando sus mordiscos. A algunos les gusta. Incluso ganó ciertos premios, desplazando al más asentado Roberto Bomtempo.
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