1 de agosto 2002 - 00:00

Tecnología, sensatez y sentimientos

E l cuento corto «Minority Report» (1955) de Philip K. Dick es sólo el punto de partida de la nueva película de Steven Spielberg. En su traslado al cine, la trama de Dick atraviesa las mutaciones afines al gusto del director de «E.T.»: tecnología, sensatez y sentimientos. Pero esto no empaña el film, acaso uno de los más atractivos de Spielberg de los últimos años, y muy superior al lloroso «Inteligencia artificial»; sólo lo diferencia.

Película y relato apenas tienen en común el pretexto argumental: una sociedad del futuro, donde la división especial Precrimen es capaz de arrestar ciudadanos no por los crímenes que cometieron, sino por los que van a cometer. Tres individuos semihumanos llamados «premonitores» («precogs» en el film) sirven a esa división policial, anticipando el futuro y señalándoles qué asesinatos van a cometerse. Allí terminan las similitudes. Las diferencias van mucho más allá de la simple apariencia física de su protagonista, el jefe de Precrimen John Anderton, a quien Dick describe como «calvo, gordo y viejo» (en el film lo interpreta Tom Cruise).

En el relato, Anderton no ha perdido un hijo, ni está separado de su mujer que aún lo sigue amando (por el contrario, ella trabaja en Precrimen y es sospechosa de traición), ni existe la historia de la «precog» Agatha y su madre. Tampoco el crimen que cometerá Anderton, según profetiza el sistema, tiene el mismo destinatario y el mismo móvil.

Hay más diferencias aun, pero la más importante radica en que no existe en Dick la idea de libre albedrío que sí maneja Spielberg, y que relaciona, por supuesto, con el buen corazón de su protagonista. Alguna vez, la escritora Ursula K. Le Guin llamó a Dick «nuestro Borges nacional». Es cierto. Su literatura no sólo especula con el tiempo sino que prescinde, desde luego, de la tentación sentimental.

El «informe de la minoría» (el «minority report» del título) es aquella conclusión contradictoria de un «precog» con respecto a los otros dos. Es decir: el futuro, aun cuando pueda ser previsto, no pierde su eventualidad. Dick, al sindicar como futuro criminal al propio protagonista, o sea, a quien maneja la información (el resto de los «criminales a futuro» la ignoran) establece un juego que excede la simple crítica al poder y a la lucha entre los poderes: la conciencia de un hecho futuro puede modificar, retroactivamente, su prevención. Así, el informe de los «precogs», en su caso, entra en conflicto: el primer informe prevé el crimen, el segundo contradice al primero y el tercero al segundo. Tesis, antítesis y síntesis.

El cuento es un estupendo tratado de dialéctica que una película de Spielberg, obviamente, sería incapaz de traducir de manera fiel, y mucho menos ganando millones en boletería. Sin embargo, reiteremos, su simplificación y su mesurado ornamento sentimental tampoco lo traicionan del todo.

Al espectador interesado en el cuento y que no posea el libro le ahorramos un trabajo: no recorra librerías porque ese libro no se consigue en Buenos Aires (en EE.UU., el
merchandising satura a la gente; acá, en cambio, el desabastecimiento incrementa el deseo).

Sin embargo hay una forma de leerlo gracias a Internet. Hay que ingresar en http://usuarios.lycos.es/esrecficcionmisc/ Purgatorium/Dick_InformeMinoria.htm, y allí lo encontrará en versión completa.

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