Teresa Pereda: ahora alquimia agua-tierra

Espectáculos

Como ya demostró en otras muestras, Teresa Pereda sublima sus vivencias, investigaciones, su identificación y comunión con la tierra de una Argentina que conoce en casi toda su extensión. Su obra siguió un derrotero de descubrimiento que continúa hasta hoy y cuya manifestación actual se inicia en una muestra de 2001 en la que comenzó a mezclar las tierras de los cuatro puntos cardinales del país, acción que alcanzó su culminación en la Bienal del Fin del Mundo en Ushuaia a comienzos de este año. Allí, en un acto de carácter ritual juntó «sus tierras», inclusive la de Arenaza ( Provincia de Buenos Aires) donde vive y trabaja, con la del Bosque de Yatana, una experiencia única e intransferible.

El corpus de su obra constituye en sí mismo un acto ritual, corporal, tocar la tierra, juntarla, mezclarla con las manos, desparramarla sobre la chapa o el papel hasta que las formas adquieran vida propia.

En su actual muestra en Galería Guzmán (Venezuela 570, hasta principios de agosto), titulada «Cuando el agua calla», la chapa y el papel reciben la conjunción agua-tierra, se producen efectos físicos y químicos, actúan el sol y el tiempo, el azar es un hecho constante pero, a su vez, Pereda controla y registra el proceso.

El cromatismo está dado por las tierras de Mitikile (Provincia de Buenos Aires), La Poma (Salta), Oberá (Misiones), Cerro Pintado (Catamarca); así aparecen los rojos de «Arde mi país», «Cuando el horizonte sangra», los azules de «Aquí se detuvo el agua» o los turquesas de «Cuando el agua aquieta su curso». Pereda las mezcla con el elemento también esencial, sumerge el papel y sus manos, por ejemplo, en los pantanos de Mallín en la Patagonia y sólo hay que observar, dejar que el tiempo transcurra hasta lograr la fusión de los elementos.

Es importante destacar el aporte de Laura Viñas, que registra con su cámara todo este proceso de alquimia que realiza una artista que nos introduce en la Argentina profunda.

  • En el Centro Cultural Recoleta exhibe María Suardi, artista rosarina de destacada trayectoria en el campo de la gráfica. El curador de la muestra, Jorge Taverna Irigoyen, ha seleccionado aspectos salientes de una obra que se caracteriza por su investigación y rigor formal.

    Enrolada en la geometría, Suardi ha evitado a lo largo de su carrera repetir fórmulas que sólo quedaban en la superficie del rigor mencionado para dar lugar a variados juegos ópticos pero sin caer en fantasías visuales, oposición de texturas, pasaje de tonalidades, tramas textiles y ondulaciones que quebraban la severidad que impone lo geométrico.

    En algún momento trabajó el negro de tal manera que contradiciendo «esa nada sin posibilidades», como lo calificó Kandinsky, provocaba una gran tensión con el otro no color, el blanco,evitando el decorativismo. Sin abandonar la gráfica, hacia fines de los '90, realiza una serie pictórica de raíz arcaica en la que se destaca un sobrio espesor matérico en guardas de cromatismo severo; sus investigaciones la llevan a combinar pintura acrílica, arena, collage, carborundum y se atreve al rojo que, volviendo a Kandinsky, «vibra con decisión, suena triunfal como una trompeta». Debe ser una de las razones por las que Taverna Irigoyen define al conjunto exhibido, un panorama sucinto de la totalidad de su obra, como «una polifonía visual», dividida en Preludio, Interludio y Posludio. Este abarca sus últimas obras «Serie del Paisaje», triángulos texturados que la artista llama «Hormigas Carpinteras», una definición no muy clara, diagonales y diversidad de planos de gran levedad. Clausura el 29 de julio.
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