11 de octubre 2002 - 00:00

Tibio Accardo en el Colón

«Orchestra della Toscana». Director y violín solista: Salvatore Accardo. Ludwig van Beethoven: Obert. «Las criaturas de Prometeo» Op. 43: Conc. Re Mayor Op. 61: Sinfonía N° 2 en Re Mayor. Op. 36. (Teatro Coliseo, org.: Nuova Harmonía).

Salvatore Accardo
es una figura legendaria entre los virtuosos del violín, de quien se recuerdan actuaciones memorables y registros discográficos de una vitalidad musical que en su momento era apabullante. Sea por el peso de los años o la prudencia de la madurez, el Accardo actual es mesurado, sereno, y hace su doble oficio de director y solista con desapasionada corrección.

Con un rango de sonido atenuado, fraseo sosegado, ejecutó el Concierto de Beethoven con delicadeza y musicalidad, pero sin énfasis en el discurso, descafeinado. Se lo escucha con interés, y no cabe dudar de su autoridad musical (incluso se pueden rescatar algunos momentos poéticos), pero en general fue la actuación de un hombre educado cumpliendo un compromiso ineludible.

Respondió a los amables aplausos y algunos «bravi» que premiaban su trayectoria, con una «Romanza», también de Beethoven, interpretada con elegancia pero abstraída de toda filiación romántica.

La Orchestra della Toscana es una formación que tiene 22 años, y ha ganado cierto prestigio en Italia, y a la vista de esta presentación se aprecia que es un organismo disciplinado, de sonido homogéneo e impetuoso, como se observó desde «Prometeo», música dedicada al héroe griego que había encontrado a la humanidad en estado de ignorancia y, según la mitología, definió a los seres humanos mediante las ciencias y las artes; también enseñó la potencia de la armonía. Sonó bien y, sobre todo, esperanzado dado el estado de las cosas en el país y el mundo.

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