El nuevo espectáculo de la coreógrafa Ana María Stekelman es una muestra sumamente refinada de danza en la que el desnudo cumple un rol esencial, como en toda la obra anterior de esta pródiga e interesante creadora de danza contemporánea argentina.
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El hilo argumental de «Angeles desnudos» refleja las ausencias con una mirada casi de conmiseración por el ser humano en búsqueda incesante de felicidad. Aun en los momentos en que se subraya el universo lacrimógeno del bolero -eje de la propuesta musical de Edgardo Rudnitsky-, la obra no abandona su constante humor sarcástico y crítico.
El espectáculo articula una extensa serie de momentos ligados estrechamente a la base sonora, en ocasiones abstracta como en las «Transiciones» o en los fragmentos de Corelli, Bonporti o Vivaldi o Vivaldi, y concreta en el caso de las canciones de Lara, Grever, Manzanero, Stamponi-Castillo o Leone-Romero que se escuchan a través de diversas voces grabadas y la de Marikena Monti, en escena como una suerte de sacerdotisa del ritual amoroso de los jóvenes protagonistas.
Integrantes de «Tangokinesis» junto a otros bailarines, dos hábiles gimnastas y Laura Fidalgo (una bellísima presencia que muestra lo que hay que mostrar con sutileza y refinamiento), las reveladoras luces de Possemato y las lujuriosas telas de los vestuarios de Jorge Ferrari redondean un espectáculo realmente fascinante. Claro que detrás de todos ellos está el talento de Stekelman para descubrir la profundidad y emoción que ocultan las cosas y las personas.
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