10 de octubre 2002 - 00:00

"TODOS JUNTOS"

Escena del film
Escena del film
«Todos juntos» («Tillsammans», Suecia, Dinamarca, Italia, 2001; habl. en sueco). Dir.: L. Moodysson. Int.: L. Lindgren, M. Nyvqvist, E. Samuelsson, S. Kessel y otros.

Tres décadas atrás, o un poco más, esta ingeniosa comedia sueca hubiera sido defenestrada como veneno reaccionario. En la perspectiva del tiempo, sus sarcasmos hacia el amor libre, el fundamentalismo alimentario, el nudismo, la Coca Cola, la televisión, el comunismo ultra o la indiferenciación sexual parecen casi caricaturas anacrónicas, como escapadas de un museo humorístico acerca de los usos y costumbres de una generación que quiso vivir, a contramano de la naturaleza humana, según los modelos de Marx y Janis Joplin. (Contemporáneamente a esos años, la recordada Susana Brunetti hacía por televisión un sketch muy popular, «En casa somos todos comunistas...», que tenía bastante del espíritu de este film.)

«Todos juntos» es una sátira tardía a esa generación, aunque no por eso deja de resultar divertida y por momentos muy aguda, sobre todo para un público que haya pasado los 40; a los menores les costará creer que alguna vez hayan existido esos personajes patéticos que hasta se negaban a comer un hot dog para no hacerle el juego al capitalismo, o que cuestionaban la asignación del color rosa para las nenas y el celeste para los varones como si se tratara de un dogma contrarrevolucionario.

La película, que relata la experiencia de vida comunitaria de un grupo de estos especímenes, está ambientada en el Estocolmo de mediados de los '70 (empieza exactamente el día de la muerte de Franco, es decir en 1975), con lo cual su modus vivendi ya empezaba a quedar, aun para los tiempos de la película, lo suficientemente pasado de moda.

La galería aglutina situaciones que ponen a sus personajes en ridículo o a merced de la conmiseración: la más humillante de las experiencias la vive un barbado rubio y melancólico, que en su condición de defensor a ultranza del amor libre debe tolerar que su novia vaya a consolar, en la cama y muy estentóreamente, a un marxista enojado porque durante la cena le tomaron el pelo. Desde luego, la tolera hasta que puede. Desopilante, en cambio, el personaje de la recién separada que se convierte al lesbianismo por razones ideológicas y trata de hacer proselitismo hasta con una vecina conservadora.

Quizá, esta misma película hecha por los italianos hubiera tenido un efecto mucho más inmediato sobre la platea, porque inevitablemente el humor sueco (un idioma en el que parece resonar Bergman hasta en la comedia musical) pone sus distancias. No es difícil imaginar, por ejemplo, a un Giancarlo Giannini joven jugando el papel del comunista que trata de afiliar al partido a un policía en funciones.

Finalmente, y más allá del humor, «Todos juntos» desliza en su corriente paródica un aspecto mucho más serio: el de la mirada de los chicos, presentes en la casa, incapaces de asimilar sin daño ese juego permanente de adultos más infantiles que ellos, y por eso más nocivos: exposición de genitales, intercambio de parejas a la vista de ellos, privación de esparcimientos acordes a su edad (uno de los entretenimientos de los chicos es jugar a ser Pinochet y torturar al otro). A su manera, la «liberación» sesentista produjo una violencia infantil más grave que la de esa «literatura capitalista» que aquellos padres prohibían leer a sus hijos. Y de eso se hace cargo también este film.

Dejá tu comentario

Te puede interesar