5 de mayo 2008 - 00:00

Todos quieren salvar al Siqueiros (pero aún nadie hizo nada)

Originales de David Alfaro Siqueiros del año 1933, cuando pintó el famoso mural «Ejercicio plástico» en el sótano de la quinta de Natalio Botana.
Originales de David Alfaro Siqueiros del año 1933, cuando pintó el famoso mural «Ejercicio plástico» en el sótano de la quinta de Natalio Botana.
Según un acuerdo judicial que se firmó hace unos días, el mural «Ejercicio plástico», que en 1933 pintó el mexicano David Alfaro Siqueiros en la Argentina, tendría un mejor destino que el playón del camino a San Justo donde se encuentra desde hace 17 años. El plazo estipulado ante la justicia vence el 30 de junio. Dos poderosas empresas, Techint, presidida por Paolo Rocca, y Ledesma, la azucarera que dirige el coleccionista Carlos Pedro Blaquier, a quienes se sumaría el magnate mexicano Carlos Slim, patrocinarán parte de la restauración y exhibición. Entretanto, resulta llamativo que el proyecto de expropiación, presentado en junio de 2007 y aprobado a los pocos días por la Cámara de Diputados, duerma desde entonces en algún cajón del Senado.

Desde que este diario publicó la primicia de que el mural, una obra cumbre de la vanguardia no sólo latinoamericana sino internacional, está deteriorándose en cuatro containers trabados por la justicia en una playa de grúas, políticos y funcionarios, argentinos y algunos mexicanos también, para bien y para mal, intentaron «salvar» la pintura. Algunos (Hugo Storero, Teresa Anchorena, Rodrigo Cañete, Rubén Stella, Rosario Green, Torcuato Di Tella, Magdalena Faillace, Cristina Kirchner, Jorge Coscia), aunque nunca hicieron nada por preservarlo, intentaron rescatar el mural pintado en el sótano de la quinta de Natalio Botana, que primero olvidado y luego desguazado, quedó oculto a los ojos del mundo durante más de siete décadas.

Otros, en medio del mayor caos político, social y económico de nuestra historia, el 4 de enero 2001 (Teresa Fernández, Eduardo Duhalde, Jorge Capitanich) vetaron la ley que declaraba el mural como patrimonio de interés histórico y artístico nacional, y lo más importante, que impedía su exportación, con argumentos fácilmente rebatibles. Pocos meses después, cuando el subsecretario de Cultura, Rodrigo Cañete, más allá de impulsar la nominación le dijo a este diario, «soy partidario de expropiarlo, para impedir que se exporte y se venda en el exterior», fue despedido de inmediato por el secretario Stella.

A todos atrae el misterio de una obra cuyo valor estético y monetario es literalmente inestimable, y que desde el día de su creación parece esperar un salvador, que la libere del «chaleco de fuerza que la aprisiona», como decía Siqueiros, refiriéndose al sótano. Cristina de Kirchner no es la excepción, y enterada de que el mural está donde está por cuestiones financieras, buscó la ayuda de tres magnates para que destraben con su dinero parte del litigio y financien la exhibición.

Techint se comprometió a pagar los gastos de traslado y el montaje en el Museo de la Casa Rosada. El mes pasado, fuentes cercanas a quienes negocian la exhibición del mural aseguraron que el magnate mexicano Carlos Slim estaría dispuesto a financiar los gastos de restauración, e inclusive pagar los 100.000 dólares destinados a los dueños de la playa de grúas que desde 1992, tenían el mural como prenda para asegurar los honorarios de «la guarda». Como anunció este diario, la dádiva del mexicano no haría tambalear su fortuna. Sin embargo, en estos días, apareció otro patrocinante en auxilio del gobierno. Ledesma S.A.A.I., llegó a un acuerdo con Grúas Don Bosco y pagó los módicos 320.000 pesos por cobijar el mural desde 1992 hasta junio de 2008. Hasta hace unos meses, la casa de grúas reclamaba 2.000 dólares mensuales. Sea como fuere, en el escrito, consta la « conformidad de las partes para el traslado al sitio que el Gobierno Nacional designe para la restauración de la obra». Firman los abogados que representan ambas empresas y queda aclarado que el tiempo de gracia acaba el 30 de junio (a partir de esa fecha hay que seguir pagando). Ahora sólo falta que la AFIP aporte el seguro para retirar la obra.

Cuesta creer que entre tantos que declaman su interés por el mural, nadie se ocupara de conseguir 100.000 dólares para preservarlo. Resulta contradictorio que el Poder Ejecutivo nomine con gran pompa en la Casa Rosada, «Ejercicio plástico» un «bien de interés histórico artísticonacional» (decreto 1045/2003), y que todavía esté en esos cofres de metal, bajo el sol y la lluvia, porque nadie reunió esa suma. Inclusive, desde la nominación, la ley de Patrimonio obliga al estado a preservar este bien, y el costo de poner los containers bajo techo, dónde deben estar, y colocarles controles de temperatura y humedad, demanda un gasto mínimo. Pero los funcionarios responsables de que la ley se cumpla, brillan por su ausencia.

Según anunció la abogada Mirta Barruti, representante de Dencanor, firma que tiene la titularidad de la obra, el nuevo convenio con el Estado para la exhibición del mural reiterará los términos del acuerdo que se firmó en febrero de 2004 con el secretario de Cultura Torcuato Di Tella. Dicho escrito comienza aclarando que, después del desguace, el mural es un bien mueble, condición que «posibilita la itinerancia para su exhibición». Luego, la propietaria ratifica ante el Estado que la obra «será exhibida en la Argentina por el plazo de un año».

¿Y después qué? ¿El mural puede salir del país? Lo cierto es que en este acuerdo, el estado le da el visto bueno a la «exportación temporaria» de la obra, que finalmente es una exportación sin plazos acotados. «En caso de su eventual exportación, lo será siempre de forma temporaria con conformidad de la propietaria y el estado nacional, con el fin de que sea exhibida en otros países y previa contratación suficientemente representativas del extranjero que aseguren su devolución a la Argentina,» dice el escrito. La palabra «temporaria» es tan ambigua como un convenio donde el único y brevísimo plazo que estipula, es el año de exhibición en Argentina.

Según testimonios recogidos por este diario, el gobierno de México ofreció en 1996 casi tres millones de dólares por exhibir el mural, y en la actualidad hay varias instituciones del mundo que lo esperan. En 1991 la pintura fue preparada para viajar, cortada por el mexicano Manuel Serrano a la medida de los containers, y preparada ser armada y desarmada como un rompecabezas por los ingenieros Balestra y Del Carril.

Hasta hoy, el destino de «Ejercicio plástico» sigue siendo incierto. Expropiar la obra es una solución drástica, la única que puede restringir los derechos a la propiedad privada, obligar a las partes litigantes a ponerle precio, y asegurar que el mural quede en Argentina de modo definitivo, aunque implica que el gobierno pague el valor del mural.

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