26 de noviembre 2003 - 00:00

"Todos somos culpables de la violencia en nuestra sociedad"

Clint Eastwood
Clint Eastwood
"Hay estudios que afirman que la información sobre sucesos violentos que emiten los medios de comunicación ejerce una mayor influencia en los niños que esos sucesos en las películas. Los periodistas siempre se han mostrado interesados en este tema. En realidad, nadie ni nada es por sí solo culpable de la violencia que sufre nuestra sociedad: todos somos culpables. Los medios de comunicación, la industria del entretenimiento, todos. Pero, por supuesto, nadie quiere ser censurado.

Los Angeles - Exactamente igual que en las películas, Clint Eastwood es un hombre de rostro impenetrable y parco en palabras. Pero, sobre todo, este mito viviente que, con 73 años, arrastra nada menos que 40 años de carrera cinematográfica (durante los cuales ha protagonizado 45 películas, dirigido 24 y producido 19) se revela como un hombre de maneras suaves y educación exquisita. En una larga conversación, de la que transcribimos una parte, desmenuza la última película que ha dirigido, «Río Místico», donde cuenta la historia pavorosa de tres hombres adultos marcados por los abusos sexuales a los que dos pederastas (un falso policía y un falso religioso) sometieron al más débil de ellos durante un secuestro que se prolongó durante cuatro interminables días cuando eran niños.

Periodista:
¿La violencia afecta tanto al que la padece como al que la ejerce?

C.E.: Yo creo que sí. Todos sabemos lo que le ocurre a una víctima, conocemos el impacto terrible en ella, en su familia, en su comunidad, en sus hijos... Pero, ¿qué efecto tiene la violencia en el que la comete? Yo creo que el agresor también paga un precio. Supongo que habrá gente capaz de cometer crímenes sin que ello les afecte lo más mínimo, pero yo creo que los agresores también pierden algo de sí mismos.


•Reflexión

P.: El rodaje de «Río...» tuvo lugar en Boston, una ciudad que se ha visto convulsionada por el descubrimiento de que varios sacerdotes católicos de esa Arquidiócesis abusaron sexualmente de cientos de niños. ¿Era consciente de ello cuando rodó la película?

C.E.: Sí. De hecho, lo que hice fue tratar de llevar esas reflexiones a la pantalla. Y no sólo porque la Arquidiócesis de Boston y la Iglesia en general estén experimentando en este momento problemas de pederastia, sino porque me parece absolutamente espantoso. Imagínese en la vida real la monstruosidad que supone que alguien que pasa por ser una persona religiosa sea capaz de abusar de un niño. Que alguien a quien la gente acude en busca de ayuda y consejo y a quien revelan sus intimidades sea capaz de hacer algo así no es sólo una monstruosidad. Se trata, además, de una traición.


P.:
¿Qué piensa usted de la pena de muerte? ¿Cree que tiene sentido combatir la violencia con más violencia?

C.E.: No estoy seguro de que la pena capital pueda ser calificada de violencia... Con respecto a la pena de muerte hay dos escuelas fundamentales: la de quienes consideran que es un crimen y la de los que opinan que no. Yo pienso que para lo único para lo que sirve la pena de muerte es para evitar que una persona que ha perpetrado un crimen vuelva a cometer otro.Yo no sé cómo funcionan las cosas en otros países del mundo, pero en Estados Unidos, desgraciadamente, hay muchos delincuentes que reinciden una y otra vez. Supongo que es muy fácil decir que el Estado no tiene autoridad moral sobre la vida de las personas y todas esas cosas, pero qué quiere que le diga: hay crímenes y crímenes.Y yo creo que un crimen contra un niño se merece la pena capital. Aunque entiendo que la pena de muerte tiene sus problemas y que uno tiene que estar seguro de que no se aplica a la persona equivocada. Pero la verdad es que yo no siento demasiada simpatía por los que cometen crímenes contra los niños, por los que abusan sexualmente de ellos. Yo creo que a esa gente, a los pederastas, hay que aplicarles la pena de muerte.


P.:
¿Cree que, a fin de poner coto a la violencia, sería una buena idea que en EE.UU. dejara de ser legal poseer un arma de fuego?

C.E.: El problema es que si las armas de fuego fueran declaradas ilegales, la medida sólo afectaría a los ciudadanos de a pie, pues los criminales seguirían llevando pistolas. A mí me encantaría una sociedad en la que nadie tuviera armas, pero tal y como están las cosas parece un poco difícil. Estoy a favor de que haya un cierto control, pero no creo que deban prohibirse. Y desde luego no estoy de acuerdo con «Bowling for Columbine» ni con todas las monsergas esas de los izquierdosos respecto a las armas. Creo, sobre todo, que la gente tiene que ser responsable.


P.: «Río Místico»
está lleno de símbolos inequívocamente estadounidenses ¿La violencia es un problema eminentemente americano?

C.E.: Creo que es un problema en todas las sociedades pero, sin ninguna duda, es un problema crucial en la sociedad americana. Absorbemos toneladas de violencia a través de los productos de entretenimiento, de las películas, de los videojuegos...


P.:
Volviendo al documental «Bowling for Columbine», ¿comparte la opinión del director de que el problema de la violencia en su país se debe en parte al exceso de información sobre sucesos violentos que emiten los medios de comunicación?

C.E.: Puede ser. Hay estudios que afirman que la información sobre sucesos violentos que emiten los medios de comunicación ejerce una mayor influencia en los niños que esos sucesos en las películas. Los periodistas siempre se han mostrado interesados en este tema. En realidad, nadie ni nada es por sí solo culpable de la violencia que sufre nuestra sociedad: todos somos culpables. Los medios de comunicación, la industria del entretenimiento, todos. Pero, por supuesto, nadie quiere ser censurado.


P.:
¿Cree que se debería aplicar la censura, en algunos casos?

C.E.: No, aborrezco la idea de que pueda haber censura. Lo que creo que debería de haber es información para que la gente pudiera tomar sus propias decisiones. Pero, lamentablemente, la prensa gráfica cada vez tiene más y más poder, cada vez hay más sensacionalismo y menos información. ¿Por qué? Por dinero. Los escándalos se venden mejor que las noticias.


P.:
Su película se desarrolla en un humilde vecindario de clase obrera de Boston. ¿La violencia afecta igual a ricos que a pobres?

C.E.: Sí. Acuérdese de Michael Skakel, un primo del presidente Kennedy que el año pasado fue condenado a 20 años de cárcel por haber asesinado a su vecina en 1975, cuando ambos eran adolescentes.


P.:
¿Cómo fue su niñez?

C.E.: Buena, fue buena. Nos trasladábamos constantemente de una ciudad a otra, porque eran tiempos difíciles. Mi hermana y yo no teníamos muchos juguetes, pero sí algunos y, sobre todo, los que nos hacíamos nosotros mismos. Mis padres eran buena gente. No cambiaría absolutamente nada de mi niñez, excepto que me habría gustado que mis padres hubieran tenido una vida un poco más confortable de la que tuvieron en aquella época. Lo hicieron lo mejor que pudieron y, finalmente, mi padre tuvo éxito y consiguió un trabajo decente.


P.:
¿Conserva amigos de su infancia?

C.E.: Sí, claro. Algunos han muerto ya, pero conservo un par de ellos.


P.:
Su último trabajo tiene muchos niveles de lectura. ¿Cuál le interesa más?

C.E.: Efectivamente, es una película que tiene muchas capas. Pero creo que una de las que más me interesan es la que muestra, a raíz del asesinato de la hija de Jimmy, cómo la violencia no tiene por qué ser el resultado de un robo o de un secuestro, sino que puede ser fruto de un juego, de unos chiquillos tratando de asustar a alguien. Me gustan también los sentimientos opuestos que genera el personaje de Jimmy, interpretado por Sean Penn. A pesar de que mata a una persona inocente, uno no puede evitar sentir cierta simpatía por él, dado todo lo que ha pasado. La película es una gran tragedia al estilo americano.


P.:
¿Por qué se hacen películas tan malas?

C.E.: No lo sé. Parece que estamos viviendo un momento en el que lo importante es la alta tecnología. Las películas de ahora son derroches tecnológicos: gente flotando en el aire, saltando de aquí a allá, haciendo cosas fantásticas... Está bien, creo que la fantasía está muy bien. Pero pienso que hace falta también contar historias.


P.:
¿Tiene algún nuevo proyecto cinematográfico entre manos?

C.E.: No, qué va. Acabo de terminar hace sólo unos días un documental sobre el blues que se va a emitir en breve por televisión. Ha sido divertido, pero ha supuesto mucho trabajo. Así que ahora me voy a pasar una temporada disfrutando del tiempo libre, sin trabajar, y estando con mis hijos. Mi mujer y yo haremos algunos viajes, iremos a Hawai... Quiero relajarme y disfrutar de la vida.


P.:
Para terminar. A los 73 años, su aspecto es estupendo. ¿Cuál el secreto de su eterna juventud?

C.E.: Si uno piensa como un joven, se mantiene joven. Y, afortunadamente, yo tengo hijos pequeños que me obligan a ello. Si uno disfruta de la vida, si sigue aprendiendo algo todos los días y se cuida un poco, no es muy difícil mantenerse joven.

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