27 de enero 2004 - 00:00
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P.: Su personaje aparenta saber mucho de matemáticas ¿Tuvo que investigar algo o se limitó a seguir la letra?
G.T.: Buscamos algo en Internet para entender un poco más el contexto de la obra, pero en realidad nos imaginamos que los dos personajes, padre e hija, eran dos artistas. Porque parece que los matemáticos imaginan cosas con los números, componen estructuras con ellos... como artistas. La diferencia está en que nosotros, los actores y directores, tenemos trabajo a largo plazo y en cambio ellos, a los 23 o 24 años, ya dieron lo mejor de sí. El problema es que su mente está en el esplendor de su inteligencia y después, chau, se termina.
P.: La obra insiste, sobre todo, en la relación padre-hija.
G.T.: Es central ese tema, ya que se trata de una obra de relaciones, más allá de la profesión que tengan los personajes. Es muy importante la relación entre padre e hija, que es muy posesiva e identificatoria. Ella es su protegida y la que supuestamente va a continuar su carrera. Ese es el legado que él le deja, mientras que ella, durante toda la obra, se pregunta si va a volverse loca como su padre. También es importante la relación entre Cathy y su hermana Claire (Carola Reyna) y su relación con Hal (Pablo Rago), el discípulo de su padre, con quien se conocen desde hace cuatro años y a pesar de gustarse tienen muchas dificultades para relacionarse.
P.: Ultimamente está trabajando mucho en televisión ¿Cómo vivió este regreso al teatro?
G.T.: El trabajo en televisión es más agotador porque hay que esperar muchas horas para grabar; en teatro la concentración es del cien por ciento. Pero de la televisión sólo me agota el tiempo de espera, el tiempo creativo lo disfruto por igual.
P.: Pero no es lo mismo hacer de Chela en «Son amores» que de Masha en una pieza de Chejov.
G.T.: Por supuesto que hay mayor disfrute de actuación con un personaje como Masha o como Cathy, pero más allá de que un personaje sea más denso o complejo que otro, uno trabaja con la misma dignidad en los dos lugares. El teatro me lleva a lugares desconocidos donde puedo investigar. A lo mejor la diferencia está en las historias, los personajes de la TV tienen historias muy chiquitas, terminan ahí, no se puede profundizar. Pero también es bueno el reconocimiento de la gente. A mí me encanta ver lo que les pasa con el personaje que uno interpreta y que te digan por la calle: «A mí me gusta esto o lo otro».
P.: ¿Se reconcilió con la actuación?
G.T.: Con mi marido descubrí muchas cualidades mías que desconocía. Es que cuando uno trabaja de chico ¡qué se yo! No es más que un chico que trabaja.Yo empecé bailando en «Música en Libertad infantil» y a los seis ya estaba actuando. Lo que vengo haciendo desde hace diez años es poner un poco de método a la actuación. Desde luego que lo que uno refleja en la actuación tiene mucho que ver con lo que pasó en la vida.
Entrevista de Patricia Espinosa


