27 de enero 2004 - 00:00

Toscano: "Hoy quiero algo más mi profesión"

Toscano: Hoy quiero algo más mi profesión
Aún con una sólida trayectoria iniciada a los 4 años, Gabriela Toscano dice que le llevó mucho tiempo valorizarse como actriz. A la protagonista de «La prueba» de David Auburn, espectáculo que promete convertirse en el éxito de la temporada, nunca le gustó haberse iniciado en la profesión mucho antes de tener edad para elegir. Ni siquiera la repentina proyección internacional que le brindó «El exilio de Gardel» de Pino Solanas, a los 18 años, pudo con su inseguridad.

Pero su matrimonio de más de una década con el director Carlos Rivas -responsable de «La prueba»- contribuyó a su desarrollo artístico («Hizo que yo empezara a quererme un poco más con respecto a la actuación»). Su paso por tiras algo más ambiciosas, como «Situación límite» y «Los machos», le sirvieron, dice, como espacios de experimentación: «Fueron trabajos donde pude empezar a dejar de ser Gabrielita Toscano», asegura. De la jovencita aquella que mostraba sus generosos pechos a un sorprendido Fito Páez en «Sur» (1987) de Solanas a la dolorida Masha de «La gaviota» de Chejov (1996), uno de sus mejores papeles en teatro, hubo un intenso recorrido que hizo que esta brillante actriz de 38 años hoy interprete a una salvaje y contradictoria joven de 25 con absoluta credibilidad.

En «La prueba» encarna a Cathy, la conflictiva hija de un matemático del que teme haber heredado no sólo su genialidad sino también su locura.

Periodista
: «La prueba» tuvo un gran éxito en Estados Unidos sobre todo cuando la estrenó Mary-Louise Parker.

Gabriela Toscano: Sí, la estrenó una de las actrices de «Tomates verdes fritos». Después la reemplazó Jennifer Jason Leigh y también hizo ese papel Gwyneth Paltrow, pero yo no ví ninguna de esas versiones. Fue Carlos Rivas quien me dio a conocer el texto y, luego de leerlo entre amigos, decidimos producirlo. Es la primera vez que participo de una producción.

P.:
Su personaje aparenta saber mucho de matemáticas ¿Tuvo que investigar algo o se limitó a seguir la letra?

G.T.: Buscamos algo en Internet para entender un poco más el contexto de la obra, pero en realidad nos imaginamos que los dos personajes, padre e hija, eran dos artistas. Porque parece que los matemáticos imaginan cosas con los números, componen estructuras con ellos... como artistas. La diferencia está en que nosotros, los actores y directores, tenemos trabajo a
largo plazo y en cambio ellos, a los 23 o 24 años, ya dieron lo mejor de sí. El problema es que su mente está en el esplendor de su inteligencia y después, chau, se termina.

P.:
La obra insiste, sobre todo, en la relación padre-hija.

G.T.: Es central ese tema, ya que se trata de una obra de relaciones, más allá de la profesión que tengan los personajes. Es muy importante la relación entre padre e hija, que es muy posesiva e identificatoria. Ella es su protegida y la que supuestamente va a continuar su carrera. Ese es el legado que él le deja, mientras que ella, durante toda la obra, se pregunta si va a volverse loca como su padre. También es importante la relación entre Cathy y su hermana Claire (Carola Reyna) y su relación con Hal (Pablo Rago), el discípulo de su padre, con quien se conocen desde hace cuatro años y a pesar de gustarse tienen muchas dificultades para relacionarse.


P.:
Ultimamente está trabajando mucho en televisión ¿Cómo vivió este regreso al teatro?

G.T.: El trabajo en televisión es más agotador porque hay que esperar muchas horas para grabar; en teatro la concentración es del cien por ciento. Pero de la televisión sólo me agota el tiempo de espera, el tiempo creativo lo disfruto por igual.


P.:
Pero no es lo mismo hacer de Chela en «Son amores» que de Masha en una pieza de Chejov.

G.T.: Por supuesto que hay mayor disfrute de actuación con un personaje como Masha o como Cathy, pero más allá de que un personaje sea más denso o complejo que otro, uno trabaja con la misma dignidad en los dos lugares. El teatro me lleva a lugares desconocidos donde puedo investigar. A lo mejor la diferencia está en las historias, los personajes de la TV tienen historias muy chiquitas, terminan ahí, no se puede profundizar. Pero también es bueno el reconocimiento de la gente. A mí me encanta ver lo que les pasa con el personaje que uno interpreta y que te digan por la calle: «A mí me gusta esto o lo otro».


Por eso disfruté tanto de participar en «Monólogos de la vagina». Nunca antes había tenido un contacto tan intenso con el público.

P.:
¿Se reconcilió con la actuación?

G.T.: Con mi marido descubrí muchas cualidades mías que desconocía. Es que cuando uno trabaja de chico ¡qué se yo! No es más que un chico que trabaja.Yo empecé bailando en «Música en Libertad infantil» y a los seis ya estaba actuando. Lo que vengo haciendo desde hace diez años es poner un poco de método a la actuación. Desde luego que lo que uno refleja en la actuación tiene mucho que ver con lo que pasó en la vida.


Entrevista de Patricia Espinosa

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