2 de abril 2008 - 00:00

"Tropa de elite"

Wagner Moura (capitán Nascimento), protagonista del film, no tiene reparos en recurrir alos métodos que fueren para obtener confesiones de los narcos en «Tropa de elite», de JoséPadilha.
Wagner Moura (capitán Nascimento), protagonista del film, no tiene reparos en recurrir a los métodos que fueren para obtener confesiones de los narcos en «Tropa de elite», de José Padilha.
«Tropa de elite» (id., Brasil, EE.UU., Arg.; habl. en portugués). Dir.: J. Padilha. Int.: W. Moura, C. Junqueira, A. Ramiro, F. de Freitas y otros.

"La policía no puede proteger a la gente. La policía depende del sistema, y el sistema sólo protege al sistema". En off, quien dice esta frase en «Tropa de elite» -entre tantas otras de índole filosófico-policial- no es un teórico marxista sino un capitán del escuadrón especial carioca Bope, cuyas reflexiones, al igual que la totalidad del film, movieron a buena parte de la crítica en el último Festival de Berlín a tildarlo de «fascista» (esa fue la expresión que empleó, por ejemplo, «Variety», diario líder del espectáculo en EE.UU.). Curiosamente, «Tropa de elite» terminó ganando el Oso de Oro, con un jurado que presidía el cineasta de izquierda Costa-Gavras.

El potencial polémico de la película de José Padilha es, con seguridad, una de sus virtudes. Otra es su narrativa vibrante y dinámica, mediada por una cámara que no da tregua. Sin embargo, lo que más distingue a esta producción brasileña de los, por ejemplo, «Harry el sucio» o los «Rambo» norteamericanos, es que su libro no está apoyado en un código predeterminado de valores, específico del imaginario hollywoodense, en el que la violencia y los métodos violentos sólo se admiten en función de la naturaleza perversa de la contraparte, de los inocentes en riesgo y hasta de la eventual « redención» final de quien los aplica.

Por el contrario, «Tropa de elite» opera sobre lo concreto, sobre una realidad social verificable, transparente y conocida, y por supuesto ajena a esos lineamientos dramáticos que hacen tolerable la violencia. Y, aun si así no fuera en todos sus aspectos, se le aproxima bastante. Seguramente esto es lo que más escandaliza y lo que vuelve al film, sobre todo en ciertas escenas, insoportable.

«Mi primera intención fue hacer un documental», dijo Padilha. «Luego me di cuenta de que si quería seguir viviendo tenía que tratar el mismo tema, pero desde la ficción». Así, la presunta ficción de este film que tiene, entre sus guionistas, a un ex oficial del Bope (Batallón de Operaciones Especiales), cuenta la historia de Nascimento ( Wagner Moura), uno de esos capitanes, que intenta buscar un sucesor. Nascimento está por ser padre, no soporta más el peligro diario, y debe encontrar ese reemplazante para un operativo de seguridad que montará el Bope (única división « incorruptible», según la mirada del film) en ocasión de la llegada del Papa a Río.

Los posibles candidatos son Neto (Caio Junqueira) y Matias (André Ramiro), el primero un impulsivo difícil de controlar, y el segundo un « intelectual», capaz de cursar estudios sobre Michel Foucault Vigilar y castigar») en la Universidad, lo que también le sirve para infiltrarse en una ONG montada en el interior de una favela, donde manda el líder del narcotráfico «Bahiano». Cuarto personaje en importancia es Roberta (Fernanda de Freitas), la líder universitaria que hasta se involucra emotivamente con Matías.

También lo «concreto» de «Tropa de elite» no es la « denuncia» a secas de la gigantesca corrupción de la policía convencional en Río de Janeiro, de los sobornos habituales que recibe de los narcotraficantes dueños de las favelas («¿Qué otra solución les queda?», casi la justificó Padilha en Berlín. «Ganan un sueldo con el que no pueden vivir y se arriesgan a que los maten a cada momento») sino más bien, en términos cinematográficos, que justamente a partir de esa «realidad transparente» no existe un solo personaje en el film que responda a lo que se espera de él desde el punto de vista de aquel código hollywoodense. Esto es, que no hay identificación posible: los supuestos «héroes» (atributo que suele ir vinculado con el de protagonista, y que «Tropa de elite» se encarga muchas veces de disociar) también son capaces de acciones repugnantes, incluida la tortura. Padilha firma con éste, su primer largo de ficción, una obra no sólo polémica sino también, según la mirada del espectador, hasta irritativa. Más allá de su deliberada y provocativa ambigüedad y de algunos puntos flacos (en una escena, Nascimento tiene un arranque de emotividad ante una madre que va a verlo que es difícil de creer), la película es franca y movilizadora, atributos que el escandalizado Hollywood hace tiempo que no está en condiciones de alcanzar.

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