"Q": en la tormenta de la conspiración imaginaria

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Su director, Cullen Hoback, ha sido llamado en los EE.UU. "el nuevo Michael Moore" por los corrosivos documentales de denuncia y su feroz ironía.

HBO y la plataforma on demand HBO GO estrenaron el último domingo la serie documental “Q: Into the storm”, del director de culto Cullen Hoback, que se ocupa de la paranoica teoría de la conspiración capitaneada por el anónimo “Q”, quien imagina desde 2017 una trama contra Donald Trump y los valores de los Estados Unidos. Este movimiento, cuyo escenario fueron fundamentalmente las redes sociales, llevó a los “patriotas” fanáticos del ex presidente a protagonizar una inusitada rebelión en el Capitolio para tratar de impedir la asunción del presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.

La serie, de seis episodios de una hora de duración, se benefició en el rating justamente por ese ataque, inédito en la historia estadounidense, que llevó a los titulares de los diarios del mundo al movimiento QAnon, pero su director Hoback ya trabajaba en ella desde hacía varios años. Cullen Hoback está considerado en los Estados Unidos como el nuevo Michael Moore, el veterano documentalista de “Fahrenheit 9/11” y “Capitalismo: una historia de amor”. Hoback, de 39 años, ha dirigido tres documentales de alto impacto, cuyo estilo fue definido como “terror de no ficción”. Uno de ellos, “Terms and Conditions May Apply” (“Los términos y condiciones podrían aplicarse”), describe cómo los gobiernos y las empresas utilizan la información personal que el usuario de una plataforma, ya sea de comunicación como Facebook o Twitter, o de una firma comercial al comprar un producto, les cede cuando toca la tecla “Acepto”.

“Q: Into the storm” muestra el submundo global de la web profunda que parece un nudo imposible de desentrañar. Hoback, con un generoso presupuesto, empezó por viajar a Sapporo, Japon, para entrevistar a uno de los dueños de una plataforma digital que fue acusado de difundir los primeros mensajes de quien, como en una película de James Bond, podría llamarse “el Satánico Dr. Q Anon”, una figura anónima que domina las conspiraciones en las redes desde 2017, siempre con fines políticos adecuados a las estrategias de Trump, por ejemplo en contra de personalidades que han sido victimas de injurias y difamaciones demenciales, como Hillary Clinton.

La serie expone la alienación de muchos de quienes se creen elegidos por el enigmático Q para difundir como youtubers (ahora rebautizados “Qtubers”) verdades reveladas sobre la esposa del presidente Clinton practicando ritos satánicos en los que asesina bebés para beber su sangre o devorarlos en festines junto con otros políticos del Partido Demócrata. En el primer episodio, “Calm Before the Storm” (“Calma antes de la tormenta”), estrenado el domingo en forma simultánea con los Estados Unidos, Hoback analiza cómo este fenómeno es la versión del siglo XXI de la propaganda para azuzar a la población contra el enemigo, akgo que ocurre desde la época de las Cruzadas, cuando los musulmanes eran demonizados con el fin de generar el largo viaje a Tierra Santa para masacrar y ser masacrados en nombre del Señor, o de propaganda de tiempos más recientes como el siglo XX con gobiernos como el inglés describiendo atrocidades de soldados alemanes degollando niños, o la campaña antisemita de Hitler y Goebbels que llevó al mayor genocidio de la historia e inventó documentos como “El protocolo de los sabios de Sión”.

El director, que también llamó la atención en 2007 con el original documental “Monster Camp” sobre los nerds enajenados por los juegos de video al punto de terminar protagonizando una versión en vivo de cruentos videogames como “Witchcraft”, se caracteriza por un irónico sentido del humor y una posición tomada sobre la necesidad de mantener la libre expresión a todo costo, tema que es justamente uno de los puntos mas interesantes de “Q.Into the Storm”. De hecho, las entrevistas que consiguió estuvieron apoyadas en su defensa de la libertad de expresión, lo que alentó a los peores Qtubers a decir cualquier disparate ante su cámara. El desfile de fanáticos empieza por el que muchos creen que es el propio Q , Frederick Brennan, un recluso hipertecnológico que padece una enfermedad deformante que lo hace parecer al Dr. Malito en las películas de Austin Powers. La plataforma que usan se llama 8Chann, en la que los discípulos de Q se despachan a gusto: allí se convocó a invadir el Capitolio. Nadie podía entrevistar a Brennan, que en principio sólo acepto aparecer unos segundos en la serie para negar ser Q, pero luego no dejó de hablar durante horas, incluso posando con una enorme Q que le apareció en su casa como regalo de este Dr. Mabuse del siglo XXI por su “buena obra” para la causa. Entre los Qtubers no han dejado se circular especulaciones de que Q podría ser el mismo Trump, o su hijo mayor, o también un amigo de éste, Vincent Fusca, quien no sería otro --dicen los más afiebrados-- que´John F. Kennedy Jr. hijo de JFK, quien no habría muerto en 1999 en su avión privado sino que se mantuvo en las sombra para lanzar esta revolución del nuevo milenio.

“Q: Into the storm” es tan entretenida y reveladora como atemorizante y perturbadora, y sólo en este primer episodio hay historias imperdibles como la del “Pizzagate”, sobre las demenciales orgías de Hillary Clinton en el sótano de una popular pizzería de Washington DC, Comet Ping Pong, que termina con el asalto de un hombre armado para atacar la pizzería del terror y liberar a los niños. El local de Comet Ping Pong ni siquiera tenía sótano, pero eso no le interesan a estos patriotas capaces de creerse cualquier cosa en estos años en que la realidad supera la ficción, factor que ayuda a una serie como ésta.

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